viernes, 3 de junio de 2016

Explicación de "Cicatrices"

ADVERTENCIA: NO LEER SIN HABERSE LEÍDO ANTES LA NOVELA, CONTIENE SPOILERS


Para empezar ¿por qué cicatrices? ¿Por qué ese título? Pues porque todos los personajes tienen cicatrices, estén a la vista o sean invisibles, están muy dañados por situaciones pasadas. Y aunque traten de huir de eso, las heridas les acompañan allá donde vayan creando más dolor y sufrimiento, siendo aprovechado por los "demonios" del pueblo para su beneficio. Aunque esté sonriendo, Mar siempre recuerda al novio que se mató en un accidente de coche. Aunque Miguel trate de alejarse de su pasado, su condición sexual le impedirá llevar una vida satisfactoria con quien ama. María posee un carácter demasiado duro y agrio desde las constantes infidelidades de su esposo. Judith es huérfana de padres. Esther abandonó a su anterior pareja para lanzarse en una relación dudosa que no le causa más que quebraderos de cabeza. Incluso Estrada se ha jubilado recientemente y a perdido a su esposa, quedándose solo. Todos los personajes traen cargas pasadas que les afectarán en el presente y serán aprovechadas para causar más dolor y angustia. 

Explicación de los nombres. Escogí que los nombres, al menos los de los personajes principales, tuvieran cierta relación con la religión y los santos. Por ejemplo, María no hace falta explicar a quién hace referencia, al igual que María del Mar. El nombre es el mismo pero con un añadido. Miguel y Tomás son los santos. Judith, o Judit, fue la que decapitó a Holofernes, quien se había enamorado de ella. Era un intento de simbolizar de que Judith sería la que derrotara a esos "demonios" de la historia o al menos los descubriera. Esther o Ester, "moza de hermosa forma y de buen parecer" fue hija de Abihail. Me pareció gracioso que en una familia católica y practicante se dieran estas similitudes.

Expongo muchas teorías sobre la naturaleza de lo que está sucediendo, algunas claramente expresadas y otras de un modo más sutil. La teoría de los seres interdimensionales extraterrestres reptilianos dice que estos seres están entre nosotros con aspecto humanoide y que están posicionados en los más altos cargos en todo el mundo. Se dice que utilizan poderes psíquicos y que comen carne humana, especialmente de niños. Luego está la teoría de que sea una histeria colectiva que, en un pueblo de por sí ya supersticioso, en cuanto que un elemento extraño irrumpa en sus vidas, es muy fácilmente atribuible a la mitología como los tranos, meigas, bruixas y cosas por el estilo. Esther sabrá perfectamente cómo la mente es capaz de engañarte y que te creas lo que sea. También sabrá cómo la prolongada exposición a un ambiente enrarecido puede provocar que una persona se desestabilice. Miguel piensa en casa de Tomás en los experimentos del investigador japonés Masaru Emoto, en el que demostró cómo las partículas de agua cambiaban su forma en función de las energías y emociones que se les aplicaran. En el documental "¿Y tú qué sabes?", viendo las fotografías del Sr. Emoto tomadas al agua, se dice que si eso es capaz de hacer la mente sobre el agua ¿qué no hará sobre nosotros mismos que somos un 70% agua? Miguel cree que Tomás está envejeciendo y tan estropeado no sólo por la dejadez en la que a caído si no por algo psíquico, algo que se haya desajustado en su mente y que esté afectando a su salud física, a las hormonas o a saber qué. Aunque esas teorías son campo abonado para el debate, no dejan de ser teorías perfectamente válidas para el argumento y con mayor fundamento científico que las de seres sobrenaturales como los alienígenas o los demonios. 

¿Qué son los monstruos de la novela? Pues originalmente iba a ser simplemente un asesino en serie, luego un vampiro que crea su ejército, luego zombies y finalmente me quedé en estos seres a medio camino entre espíritus malignos y gules de la mitología árabe. Como los gules, el monstruo de mi novela es una entidad casi demoníaca que se come a los muertos y adquiere su aspecto físico, es decir, como un demonio necrófago. Es invisible al comienzo, depreda al ser humano y, cuando ha conseguido suficiente energía, se materializa para literalmente comérselo. Cuanto más terror haya, más poder conseguirán y más de estos seres podrán materializarse. Sólo la sal les afecta en apariencia ¿y porqué? En tradiciones ocultistas y esotéricas la sal purifica y limpia de malas energías, por ejemplo en la religión vudú se dice que la sal puede regresar al zombi al estado de muerto, quitando la "maldición" de muerto viviente. Incluso protege. Si estos seres, monstruos o gules son entidades demoníacas deben tener relación con el infierno y es por ello por lo que, en la primera parte de la historia que tiene que ver más con la religión, describo un paisaje helado y lleno de nieve y frío. Yo me imagino el infierno como un lugar frío y desolado más que como un sitio lleno de llamas. Se dice que el fuego es purificador, no creo que los demonios disfruten con eso. El frío es mucho más siniestro y desolador. Cuando una persona está mal o es distante se dice que hace frío en su alma. Cuando una persona está deprimida se piensa en colores fríos. El frío suele ser asociado con el invierno y la muerte de las cosechas. El frío es algo negativo en la mente humana. Incluso el infierno de Dante es gélido, en la película El Exorcista están a bajo cero en la habitación de la poseída y en muchos testimonios de supuestos casos paranormales mencionan una y otra vez el asunto del frío y de las bajas temperaturas. Una playa en el Caribe con el sol radiante no te inspirará tanto desasosiego y malestar como un paraje yermo y helado en el Himalaya por ejemplo. Es algo que asociamos a cosas negativas. Aunque quiero dejar claro que mi ser no tiene nada que ver con la religión o los demonios, aunque así se refieran en la novela, es más como una entidad cósmica.

Los monstruos que aparecen en la novela no son más que una metáfora del odio. Cuando Miguel cae por las escaleras y pronuncia una extraña palabra y números en medio de sus delirios, lo que está diciendo es obecon, dieciséis, cuatro, nueve, dieciséis. Si tomamos la palabra y la invertimos nos saldrá "nocebo". El nocebo, o efecto nocebo, no es más que un empeoramiento físico causado por pensamientos negativos, es el opuesto al placebo. Si vamos al abecedario y vemos qué letras ocupan los números dieciséis, nueve y cuatro veremos que son las letras O, I y D. Dieciséis, cuatro, nueve, dieciséis no es más que las letras O, D,I,O... ODIO. Tomado en conjunto tenemos las palabras nocebo y odio. Ese es el causante de todo mal en el pueblo y en los protagonistas. Cuanto más alterados están, más sucesos desfavorables les suceden. Es por ello que para quienes son más felices, como el caso de Estrada, no les sucede nada (hasta que se involucró con la familia y sus problemas). A veces los problemas son incentivados por los propios monstruos, o el propio odio, para causar más dolor e inquietud. O como cuando el anciano de cabellos blancos descubre todos los trapos sucios del pueblo y comienzan a verse mal unos a otros. Es como si dicha emoción se hubiera materializado de pronto y comenzara a atacar. 

Los sagitarios, como lo son Miguel y Mar, se suele decir que tienen especial sensibilidad a percibir otras realidades, son más propensos a desarrollar habilidades sensitivas o intuitivas según algunas creencias. La más débil es sin duda Mar, más que nada por que está decaída emocionalmente mientras que su hermano realiza el viaje a Galicia con más alegría. Se puede notar cierta hostilidad de su hermana hacia él, siendo reflejo simplemente de un malestar interno, una tristeza que intenta camuflar. Es por ello por lo que los gules empiezan con ella y es con la que más se ensañan.

Hay tres tríos también, dos de ellos relacionados con la psicología y el tercero es algo más personal. El primero de los tríos es el de María, Miguel y Mar. De arriba a abajo, de mayor edad a más joven representarían, según la teoría de la personalidad de Freud, el superyó, el yo y el ello respectivamente. Tenemos a María, la madre, como una mujer estricta y moral (superyó) que domina y sobreprotege a sus hijos (quizás también por la ausencia paterna). Luego tenemos a Miguel que, como joven que es, tiende a defender a su hermana y a aprobar el hecho de que ella se divierta y diera rienda suelta a su juventud. Debía disfrutar de ella lo que él no pudo. Pero por otro lado, es más mayor que ella y por lo tanto tiene más experiencias vividas y se sirve de eso para ayudarla, sin llegar a ser tan estricto como su madre. Es el mediador entre la estricta moral materna y el desenfrenado frenesí de la juventud, es el mediador entre el superyó y el ello. Mar sin duda representaría al ello, esa parte de cada uno de nosotros exigente, primitiva, egoísta, impulsiva... quiere hacer lo que le apetezca (ella ya es mayor de edad) pero se encuentra restringida por su madre que no considera apropiado o adecuado que salga hasta tan tarde con el peligro que hay afuera. Mar sin embargo se rebela a ello y lo único que consiguen con los enfrentamientos es que esos monstruos se acerquen más y más a ellos.
El segundo de los tríos está fundamentado por la teoría de la personalidad de Jung que habla sobre el ánima, el ánimus y la sombra. Estaría formado por Esther, Miguel y Ojos de husky. Esther representaría el ánima, la parte femenina de cada uno, alegre, trata de ser más sociable, orienta de acuerdo a nuestras emociones... es por ello que ella no podía ser otra cosa que psicóloga. Luego tenemos a Miguel representando el ánima, el lado masculino, la guía racional, exigente y crítico, sabiondo. Por último, tenemos a Ojos de husky, la sombra, el lado oscuro del ser humano que desafía la concepción moral, pone en tela de juicio que el hombre sea bueno por naturaleza e incita a Mar a pecar, apartándose de su lado Católico y llevándola a su terreno mediante encanto y atractivo (como un psicópata) y mediante el colgante que la regala y que ella toma erróneamente por el símbolo judío de la estrella de David. Como muy bien dice Judith, es un símbolo esotérico del lado de la oscuridad. El pentágono le cambia todo el significado a los dos triángulos.
El tercero y último de los grupos tiene que ver con los animales asociados a las personas reales de las cuales me inspiré para crear los personajes. Está Judith representando el gato, animal considerado en el antiguo Egipto como protector del hogar, sobre todo en el plano espiritual. Protegen de la negatividad y son asociados a la magia y la brujería (como Judith). Miguel sería el cuervo, asociado a la noche, oscuro (Miguel le concebí de piel oscura y vestido con ropas negras), el cuervo está asociado al poder creador, crea realidades a partir de ideas (¿un escritor?). En China simboliza la gratitud hacia los padres y en Japón el amor familiar. En África se asocia a un poder protector. Es el aislamiento voluntario de aquel que ha decidido vivir en un plano superior, es elegante y melancólico. Mar es la grulla, espiritualidad, elegancia, larga, en la cabeza lleva un tinte rojo, plumaje blanco y negro (de ahí su piel blanca, pelo negro y las mechas), fuerte reacción ante ataques de cuervos, protectora de la familia y portadora de buena fortuna, esperanza, fuerza y fidelidad.

Como última curiosidad quisiera añadir que escribiendo los nombres de Freud y Jung posicionados tal y como lo están los personajes basados en sus teorías me sale una cruz invertida, asociada comúnmente con el satanismo o al anticristo. De arriba a abajo tenemos a María, Miguel y Mar en la teoría de Freud, y en la de Jung en horizontal (por que todos están más o menos en la misma franja de edad) tenemos a Esther, Miguel y Ojos de husky.

   F
   R
   E
J U N G
   D

Ésto es sólo una curiosidad que descubrí por casualidad, no estaba planeado, y me resultó graciosa exponerla.

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jueves, 2 de junio de 2016

Escena eliminada de Cicatrices #3

El frío comenzaba a arropar el bosque. El sol se ocultaba mientras teñía de rojo sangre las nubes. Parecía que el cielo se hubiera incendiado con las llamas del infierno. El silencio era sepulcral. Y el frío aumentaba. La noche caía, y la ropa pegajosa por el sudor, la sangre y el vómito comenzaba a emitir un olor agrio y desagradable. Y el joven seguía tan perdido como antes. Deambulando sin fuerzas por el bosque, sin rumbo ni dirección. Sin saber cómo llegó hasta allí, perdido en la nada con un loco asesino suelto que le buscaba y que, con total probabilidad, se conociera aquellos parajes mejor que él. Y el cuerpo del coche, esa asquerosa imagen que no se le borrará de la cabeza. Era increíble como la carne humana no se distinguía de la carne que se compra en los supermercados. Después de aquella visión, si sobrevivía a todo aquello, se haría vegetariano. Sólo el recordarlo le hacía sentir náuseas de nuevo. La violencia de las mutilaciones, la carne desperdigada, la desfiguración total del rostro y los trozos que faltaban. Dios sabe qué hicieron con lo que faltaba. El llanto comenzó al recordarlo. A lo lejos escuchó entonces un motor. Un sonido de vehículo que se acercaba. ¿Sería el asesino que haya tirado el cuerpo y tomado el coche? El automóvil, a gran velocidad, se fue acercando cada vez más y más. Él no sabía qué hacer. Pararlo y pedir ayuda o huir. Decidió esconderse. Finalmente, el vehículo hizo su aparición al final del camino y se aproximaba a gran velocidad, casi que derrapando al tomar la curva sobre la grava y arena del camino. El chico vió que no era el mismo coche que el que había visto atrás y además este provenía de dirección contraria a la que había dejado el otro. Tambaleante, salió de su escondite y alzó los brazos para llamar su atención. Sus piernas le flaqueaban y se movía casi perdiendo el equilibrio, como un borracho. Su debilidad y extenuación hizo que le costara levantar los brazos incluso. Los faros iluminaron sus temblorosas piernas y sus ropas mugrientas de sangre y vómito. El muchacho se puso en mitad del camino pero el coche no aminoró. De hecho, pareció acelerar. Trató de esquivarlo saltando a un lado pero ya era demasiado tarde y fue lanzado por encima del capó y el techo del coche. Con un gran crujido, cayó con fuerza sobre la tierra y, quedando a oscuras y solo con un terrible dolor, aulló hasta casi destrozarse las cuerdas vocales. La angustia era insoportable. Sus piernas le ardían, un dolor punzante le subía por la columna. Al retorcerse de dolor, éste se intensificó. A pesar del frío, comenzó a sudar copiosamente y tanteó en la oscuridad sus piernas. Se clavó algo en los dedos al tiempo que el dolor le dio otra punzada. Iba a vomitar de nuevo y a desmayarse. El sudor le empapaba. El hueso de la pierna había pinchado el dedo del joven al estar completamente partida en dos y sólo unida por la piel. El hueso, al partirse, se abrió paso entre los músculos y tejidos con su filo hasta salir por la piel.

La mujer, casi en estado de histeria, lloraba desconsolada mientras sujetaba el volante y pisaba el acelerador. Por un momento parecía reír entre sus lágrimas, pero enseguida sus carcajadas se transformaban gritos de angustia y terror. La niña se despertó asustada en el asiento de atrás.
- Mami, ¿Qué ha sido ese ruido?
- Nada, cariño, nada -trató de disimular su estado-. Vuelve a dormirte, cariño.
- ¿Qué te pasa, mami?
- Nada. Todo está bien, todo está bien.
- ¿Qué te pasa?
- ¡Nada!
- ¿Por qué estás llorando, mami?
- ¡No pasa nada, cielo!
-¿Es por mí?
- ¡Por favor, cállate y duérmete! -la mujer se giró para chillar mejor a la pequeña- ¡Deja a mamá conducir!
En ese momento se escuchó un estruendo y el coche se detuvo en seco. La mujer le pegó un tirón del cinturón de seguridad y a la pequeña... bueno, ella estaba tumbada en los asientos traseros sin cinturón y acababa de incorporarse al ser despertada cuando su madre atropelló a aquel joven. Ella voló entre los asientos delanteros. Cuando su madre separó la cabeza del airbag vio una pequeña muñeca inerte incrustada en la luna del coche. Aterrorizada y con la angustia más grande que nadie pueda imaginar, la mujer preguntó con un hilito de voz.
- ¿Susi? Susi cariño...
La pequeña niña movió débilmente su bracito y sus deditos sin contestar. Su madre no estaba segura de si la oía o había sido un acto reflejo, los últimos impulsos nerviosos del cerebro que acababa de estamparse contra el cristal del coche. El suave cabello rubio de la niñita se tornaba ahora caoba. La sangre manaba bajo su cuerpecito retorcido, con la cabeza arqueada y la espalda rota. No, definitivamente no la había oído, y mejor que hubiera sido así. Ya no quedaba consciencia ni vida en aquel cuerpecito blando. La madre reía, reía a carcajadas, completamente enloquecida. ¿A cuántas personas o cosas había matado en cuestión de minutos? Desde que se desvió de la autopista se ha llevado tantas vidas por delante, algunas en defensa propia... pero ¿y su hijita? Reía y lloraba. Bajó del vehículo en medio de la oscuridad y vió que había chocado con otro coche en cuyo interior se hallaba un cadáver ensangrentado de un hombre con la puerta del conductor abierta. Lloraba y reía, y gritaba histérica mientras miraba entre el humo del abollado capó el cuerpo de la pequeña inmóvil sobre el salpicadero y la sangre y sustancia gris goteando. El humo salía, salía y salía. El depósito se había roto y un reguero de combustible escurría por la arena bajo el coche. La mujer se percató y, riendo con el rímel corriendo por sus mejillas, tomó el bolso del asiento del suelo en el asiento del copiloto. Al hacerlo, movió el cuerpo de la niña que cayó hacia atrás al resbalar y dejando un rastro de sangre y sesos que brillaban relucientes bajo la luz del interior del vehículo. La mujer reía y lloraba mientras encendía un cigarro en el asiento del conductor y daba una calada. Bajó la mano izquierda con el cigarrillo en la misma y lo soltó, cayendo justo en el reguero del combustible. No hace falta explicar qué pasó después.

El joven agonizante casi había perdido el conocimiento cuando le sobresaltó una llamarada inmensa y un rugido que resonó estruendosamente por todo el bosque. Una gran bola de fuego se alzó en el aire por encima de los árboles y el humo negro y tóxico comenzó a formar una columna hacia las estrellas cuando el fuego disminuyó. Había sido una explosión. La oleada de muerte irracional no cesaba y él iba a acabar pronto muerto también si no conseguía ayuda pronto. El frío era intenso y empeoraba el dolor de las heridas. Al menos la sangre era cálida. Había un gusto enfermizo en tocar la sangre que, al menos, le hacía más soportable la helada. Le castañeaban los dientes y le dolía a horrores las piernas. Con cada tiritón se movía la herida y el dolor volvía más intenso y punzante, lo cual le producía estremecimientos que creaban más dolor y así... era un círculo vicioso. Lo mejor era aguantar el dolor lo mejor que podía y mantenerse lo más quieto posible. Pero aquello era una tortura, era imposible permanecer quieto, era imposible ignorar las heridas, era imposible calmarse... creía que iba a desfallecer de un momento a otro. El calor lo sentía también por los muslos y cintura, pero el líquido que lo impregnaba no era sangre, si no orín. No había podido evitar que se le escapase. Al menos, aunque repugnante, daba calor. Las estrellas brillaban con gran intensidad en la negra noche, la luna iluminaba con su luz plateada los alrededores y la blancura del terreno se llenaba de miles de puntitos brillantes de hielo y escarcha. Y como el hielo, el líquido del que estaba bañado el muchacho también se empezó a congelar en su cuerpo. Poco a poco, su consciencia y tormento se fue desvaneciendo.

- ¡Miki! Mira -exclamó la chica desde su dormitorio-. ¡Mira, ha pasado algo!
Miguel se exasperó. Se había encerrado en su cuarto para que nadie le molestara mientras escribía y ahora le interrumpía. Su hermana había estado escuchando constantes ráfagas de traqueteo al escribir él sobre el teclado, un momento de silencio en el que buscaba el veneno adecuado para sus palabras y volvía con una nueva ráfaga de tecleo como si fuera una ametralladora que disparase toda la hiel y el veneno de su odio sobre el papel.
-¡Miki!
- ¡Cállate, joder, no me interrumpas!
Su hermano se aproximó hasta el escritorio y pudo distinguir, calle abajo, a un par de kilómetros al sureste una torre negra que ondeaba según ascendía.
- Parece humo –dijo el chico más calmado.
- Ha habido una especie de explosión, o eso me ha parecido, y enseguida he visto el humo. ¿No deberíamos llamar a alguien?
- Sí, es posible, puede que haya habido un accidente.
- Miki, ¿por qué no nos acercamos en coche? Aunque sea para mirar.
- ¿Estás loca?
- Por favor, tengo un mal presentimiento, creo que ha pasado algo.
- Por allí no hay nada y si había alguien... bueno, ya no podemos hacer nada si es cierto lo que has dicho.
- Miki, por favor...
Él la miró seriamente, y la cara de la chica le suplicaba tratar de averiguar qué había pasado. A él no le hacía ni pizca de gracia, pero al final cedió. Como siempre.
- Está bien, me acercaré yo, pero no podré ser de ayuda haya pasado lo que sea que haya pasado. Pero si con eso te quedas más tranquila, iré.
- Gracias.
- Tú avisa a los municipales o los bomberos o a quien quieras.

La crisis había empezado horas antes, pero ellos, aislados por completo del mundo, no se habían enterado de absolutamente de nada. No sabían los asesinatos en cadena de manera masiva que se estaban cometiendo. Del caos y el pánico que estaba reinando por campos y ciudades. Había sido en un pis pas. Por la mañana era todo normal, y al caer la noche parecía haber llegado el Apocalipsis. Todo el mundo parecía haberse vuelto completamente loco ahí afuera. Y ellos, inocentes y sin conocimiento, decidieron coger el coche en mitad de la noche para adentrarse al horror y el caos. El humo estaba más lejos de lo que Miguel pensaba en un primer momento. Se adentraba en la oscuridad del bosque y no veía nada más que árboles muertos y retorcidos por todos los lados. Detuvo el coche momentáneamente y él bajó la ventanilla. A lo lejos podía oírse gran jaleo. No eran gritos, no eran un murmullo, ni lamentos ni quejidos. No era nada de eso y lo era todo a la vez. Eran muchas almas, personas emitiendo sonidos mezclados con gruñidos o sonidos de animales. No estaban seguros de lo que se oía en la lejanía, pero era un sonido que le heló la sangre en las venas y le puso los pelos como escarpias. ¿Y qué expresaban? ¿Dolor, ira, rabia, angustia, lamentaciones, tristeza, llantos, alegría...?
- ¡Santo Dios! -exclamó-.

Permaneció un momento en silencio, escuchando aquellos gritos desgarradores, como un coro fantasmal de almas en pena aullando en la noche, en mitad de la nada en el gélido bosque. Y ese olor. Ese olor terrible a medio camino entre lo podrido y la carne asada que flotaba en el aire y llegaba hasta él junto con el jolgorio infernal. Aquel terror le paralizó por completo, no sabía qué pasaba, y quizás no quisiera saberlo. Era una situación demasiado inusual y siniestra como para querer conocer la verdad. Una explosión en medio de la nada y gritos nocturnos de una muchedumbre enloquecida cuando se suponía que no debería haber absolutamente nadie. ¿Qué debía hacer? ¿Avanzar? ¿Dar media vuelta? ¿Qué? ¡Qué terrorífica idea, él, solo, en medio de la nada y ese clamor lejano! Se supone que no debería haber nadie ¿de dónde habían salido tanta gente? Avanzó un poco más con el coche, despacio, y fue mirando a través de la oscuridad. Ahora, con la ventanilla bajada, podía oir claramente el jaleo y vió tras unos árboles la torre de humo que se extendía hacia el cielo. Avanzó un poco más y, en un claro, sobre la cuneta de una vieja carretera agrietada, yacía los restos de un coche ardiendo y trozos de cuerpos desperdigados. Mucha sangre y tiznado. Gente, enloquecida, como en un extraño ritual satánico, devoraba los cuerpos calcinados. Brazos, piernas, cabezas, órganos, tuétano… todo, absolutamente todo les servía de alimento. Uno de ellos, el hombre delgado y enlutado, alzó la mirada y se quedó mirando al coche y a su ocupante mientras masticaba un trozo de carne. Miguel pisó a tope el acelerador y se marchó.


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jueves, 26 de mayo de 2016

Escena eliminada de Cicatrices #2

La campanilla sobre el dintel de la puerta tintineó cuando el muchacho entró. Se paró en la puerta, sobre la alfombrilla en la que se raspó las suelas de las botas, se sacudió las gotas de lluvia de su chaqueta de cuero y se revolvió el cabello. Avanzó unos pasos, saludando al camarero y a los dos rollizos hombres del final de la barra, y se sentó en el taburete más próximo.
- ¡Buenos días, joven!
- Por decir algo...
El camarero rio. Miguel hizo cuanto pudo por corresponder al hombrecillo. Es terrible tener que fingir con una amplia sonrisa que no pasa nada cuando sabes que en realidad todo está perdido.
- ¿Un cafecito?
- Sí, por favor.
La máquina emitió el sonido característico. El joven giró su cabeza hacia el ventanal que daba a la calle mientras que el menudo camarero le preparaba la taza de café que casi todas las mañanas tomaba allí. Le puso el café frente a él y el chico pagó sin mediar palabra. Solía tener la costumbre de pagar siempre por adelantado. El joven lo hacía todo por adelantado para luego no tener que preocuparse de nada. Todo estaba en silencio en el local, sólo el débil y amortiguado sonido del tráfico se filtraba desde la calle a través del cristal de la ventana. Los dos hombres del fondo de la barra tomaban el desayuno en silencio y el camarero leía el periódico. Parecía un velatorio. La madera y los colores cálidos del local contrastaban enormemente con las nubes azul grisáceas cargadas de lluvia de la calle. Miguel miró hacia afuera según removía el azúcar con la cucharilla en su café y observaba a los apresurados peatones que corrían en sus quehaceres diarios, los mismos que muchos otros días había visto también. Los mismos que repetían su tarea monótonamente día tras día, y se encontraban a la misma hora, haciendo de la vida más aburrida. Las fachadas húmedas y grises de los edificios se erguían hacia el cielo, más allá de su rango de visión. Las ciudades son un símbolo de modernidad, pero son algo antinatural. Los seres humanos no podemos cambiar miles de años de evolución adaptados al medio rural y de repente encerrarnos en muros de acero y hormigón, rodeados de más muros iguales y de máquinas estruendosas. Quizá es por ello por lo que siempre y cuando podamos deseamos desconectar de ese mundo urbano para darnos un garbeo por el bosque y el campo que tanto añoramos y anhelamos en nuestro ser más interno. Es por ello también por lo que seguramente, sea tan cara una casa baja en el campo, porque es un lujo en los días de tecnologías avanzadas, objetos prefabricados y globalización. El asfalto mojado, con charcos, reflejaban las luces de las farolas, los semáforos y vehículos. Todo tenía una imagen tan fría y melancólica, como su alma en ese mismo momento. Se vió a sí mismo reflejado en el cristal, y miraba atentamente las gotas de lluvia que formaban hilillos que resbalaban por el ventanal y que se superponían a su reflejo translúcido. Se le antojó que no era más que un fantasma, el recuerdo de lo que había sido antaño, y que esas gotas de lluvia eran las amargas lágrimas que caían por su rostro. ¿Quién era él? No era nadie... quizás lo fue, pero ahora no era nadie. Habían sucedido tantas cosas en tan poco tiempo, que para un alma sensible como la suya, estaban siendo arrolladoras. Más de lo que podría aguantar cuerdo. Y sí, era un chico sensible. A pesar de su cuarto de siglo de vida, en muchas ocasiones, seguía llorando como un niño, se había conmovido con un precioso amanecer o había sido estremecido por una bella danza sin necesidad de ver en ella nada sexual. Era un chico con sentimientos, en una sociedad falta de ellos. Algo extraordinariamente peligroso para alguien como él. Se llevó la taza de café a los labios y sorbió un poco. Se quemó. Lo dejó enfriar sobre la mesa mientras continuaba dándole vueltas con la cucharilla y continuaba divagando en silencio, contemplando la fría calle. Aquella mañana de noviembre se había levantado especialmente triste y melancólico. Dejó soltar un suspiro. Su apariencia también era opaca y negra. El pelo, ensortijado, negro como el azabache. De piel morena, rostro delgado y facciones marcadas. Sus cejas sombreaban unos ojos hundidos y de color marrón oscuro. Parecían dos cuencas negras que daban paso a los abismos de su alma. Una prominente nariz aguileña coronaba a unos labios finos y delgados. Los pómulos y la barbilla pronunciados. El cuello tan delgado que su tráquea y nuez se notaban exageradamente. Parecía que el muchacho se hubiera tragado uno de esos tubos de plástico que se usan para envolver los cables eléctricos. De siempre había sido delgado, pero últimamente se estaba consumiendo a ritmo alarmante, y los mareos y migrañas estaban presentes casi todos los días por la debilidad y el comedero de cabeza. Se pasó la palma de la mano por el dorso de la cara y sintió en la marcada mandíbula el áspero y duro tacto de la barba que le raspaba la piel. Parecía papel de lija. Cada día le fallaban más las fuerzas para seguir adelante. Le costaba hasta afeitarse. Había días que ni se molestaba en hacer la cama, total, en unas horas la volvería a deshacer. Lo exterior es el reflejo del interior. Cuando ves que lo has dado todo por la gente que quieres y que no ha servido de nada ¿qué queda esperar? Sus ropas, siempre negras, eran las mismas usadas el día anterior. Miguel solía vestir de colores oscuros. Incluso en verano, era raro verle vestido con colores claros, y eso que el calor que hace en la capital es considerable. Era un chico reservado pero amable. Otro sorbo de su taza de café, ahora ya estaba más templado. No debería haber tomado ese café, ya que según estaba, podría darle una subida de azúcar, o la tensión podría acarrearle algún problema. Pero le daba igual. Lo necesitaba, era más un bálsamo para el alma que necesidad real de tomar un café. En aquel bar había pasado buenos ratos de su vida, había meditado bastante allí y significaba mucho para él. Necesitaba estar en algún lugar en el que se sintiera a gusto. Aunque aquella mañana el ambiente allí dentro estaba tan solemne como en su corazón, y aquello le deprimía aún más. Las nubes estaban adquiriendo un tono más claro, por lo que el sol debía estar saliendo ya. El camarero, de carácter siempre alegre, cerró el periódico y encendió el televisor para animar un poco el ambiente. Estaban emitiendo una reposición de un concurso televisivo. Decidió dejarlo ahí, ya que los telediarios sólo traían noticias malas para empezar el día. Miguel miró la pantalla con cierto resquemor y asqueado ante lo que veía mientras bebía su café. La gente sonriendo, muy feliz, la productora repartiendo dinero así como así y todo muy bonito mientras que en la calle hay gente que no tiene ni para comer y está pasando dificultades para llegar a fin de mes. Quizás no se sentiría tan dolido por ello de no ser porque ahora él estaba en esa situación de escasez económica. Lo cierto es que no estaba mal, pero tampoco podría permitirse demasiados caprichos. Incluso había dejado de fumar a la fuerza ya que, como le dijo a su ex compañero de piso Raúl, fumar hoy en día es cosa de ricos. Ahora ahorraría algo más y estaría más sano. Alguien que vive en Chamberí no puede decirse que pase mucha hambre. Todo lo contrario que mucha otra gente que está en las calles sin absolutamente nada. A Miguel le enrabietaba esa estúpida ley que querían aprobar para penalizar con multa de 700 € a quien pillaran rebuscando en los contenedores de la basura algo que llevarse a la boca. ¿No comprenderán que si esa gente está buscando comida entre la basura es porque no tienen dinero con la que pagarla? En la tele los concursantes se llevaban cientos de euros por acertar a unas preguntas mientras querían robarles el dinero a los pobres. ¡Qué frivolidad! No sabía si era él o los demás, pero cada día entendía menos la sociedad. Luego no era de extrañar que la gente robara en supermercados para poder comer. Total, seguro que les caía menos condena cogiendo los alimentos directamente del súper que de los cubos. No podía comprender cómo le dan más importancia a cosas banales en vez de cosas realmente importantes como las relaciones personales o el funcionamiento de la sociedad. Se apresuró a tomar el café rápidamente, se despidió y salió.

- ¡Hola!
Miguel fue sobresaltado y sacado de golpe de sus pensamientos por una mano que le tomó del hombro y un saludo agudo al lado de su oído. Al girarse vio a una muchacha pelirroja.
- ¡Oh! ¿Qué tal, preciosa?
Le dio dos besos y la sonrió.
- Genial, ¿qué haces por aquí tan temprano, locuelo?
- Ya ves, salí a dar una vuelta. ¿Vas a la consulta?
- Sí. Voy un poco pillada de hora, pero bueno. ¿Cómo lo llevas?
- Bueno... -Miguel se dio la vuelta y echó a caminar lentamente de nuevo mientras ella lo seguía y observaba atenta a su reacción.- Digamos que voy sobreviviendo.
- Oinsh... ven aquí campeón.
La chica le dio un fuerte abrazo mientras echaba el bolso hacia su espalda y presionando la enorme carpeta contra su pecho. Retomaron la lenta caminata.
- Gracias, Esther. Te quiero.
- De gracias nada, bobo. Sabes que estoy para lo que quieras. ¿Quieres hablar de ello conmigo después?
- No creo que haga falta, gracias, estoy bien.
- ¿Seguro?
- Sí.
- No lo estás. ¿Por qué no lo escribes? Como con lo de Clara.
- Aquello me reabrió heridas...
- Pero lo superaste más rápido. Tienes un momento de sufrimiento y luego relax. Con esto lo mismo.
- No sé... me cuesta, aún está muy en caliente todo.
- Mejor ahora que lo sientes más intensamente. Puedes hacerlo y luego me lo pasas, yo te aconsejaré. Además, si estabas buscando una historia que contar, ahí tienes una.
- Me lo pensaré, lo intentaré. -Sonrió forzadamente.- La verdad es que con la historia de Clara, me gané un dinerito.
- ¿La publicaste?
Miguel asintió con una sonrisa.
- Bueno, luego cuando salga si quieres podemos quedar para tomar algo, y así me cuentas... me pones al día de tus locuras. ¡O mejor aún! Arréglate que nos vamos a cenar, yo invito.
- ¡Claro! Siempre me tendrás a tu disposición.
- ¿Sí? Pues ya sabes, haz lo que te he dicho, escribe, y si esta tarde tienes algo escrito me lo traes y te comento.
- A ver si hago algo.
- Miki, no puedes estar así... de verdad. Hazlo por mí, anda.
Miguel miró al suelo, la miró a ella, tragó saliva y asintió.
- Te lo prometo.
Esther miró su reloj y le dijo apresuradamente:
- Bueno, cielo, te dejo. Se me hace tarde. -Le dio dos besos de despedida- Haz lo que te he dicho y me lo pasas.
- Lo haré. ¡Chao!
Esther salió casi corriendo. Miguel se quedó mirando cómo se alejaba. Le pareció que estaba realmente guapa aquella mañana. Parecía sacada de una película con ambientación neoyorquina. Tocada con el gorrito de lana caído hacia un lado, dejaba caer una cascada de hebras cobrizas onduladas que no era más que el cabello de la chica y que resaltaba enormemente con los ojos verde esmeralda. La bufanda roja y el abrigo negro, aterciopelado y unos vaqueros azules que se ocultaban bajo las negras botas de piel. Era una chica que siempre vestía bien, incluso cuando iba informal. Tenía un par de años más que él y acababa de sacarse la carrera de psicología. Ella le había ayudado, y seguía haciéndolo, con cada problema que había tenido y como amiga le proporcionaba citas gratuitas "extraoficiales" fuera del horario de trabajo. Esther le dijo que escribir le vendría bien, escribir curativa y creativamente para suavizar el dolor afligido por algún problema y, una vez exteriorizado, podría comprender mejor los hechos que le perturban y encontraría más fácilmente una solución. Era sano y a muchos de sus pacientes también se lo había recomendado. Resulta muy fácil mirar hacia fuera y detectar los problemas ajenos, pero es tan difícil hacerlo a la inversa, mirarse hacia dentro y saber qué le pasa a uno sin perder el norte. Quizás por eso Esther le hubiera recomendado que escribiera sus problemas, al exteriorizarlos, te distanciabas y podías verlo todo mucho más claro. Es como cuando observas en un museo una gran pintura de cualquiera de los grandes genios, para apreciarla en todo su esplendor hay que mirar el conjunto desde la distancia. Pero si hacía lo que le pedía Esther, ¿por dónde empezaría? Había tanto y tanto que contar. Lo de Clara, aunque eso ya estaba más pasado, el divorcio de sus padres, su hermana y su compañero de piso, el tema de trabajo y la vivienda... El sol ya había salido dado por la luminosidad de las nubes, pero el frío era igual de intenso.
Regresó a casa. Aquella en la que creció y la que había estado ocupada por su madre y su hermana hasta hace escasos meses. El 1º B del nº 22. La visión de cada ventana, cada balcón, cada objeto vibraba en su interior como notas musicales en una guitarra de una olvidada y añeja melodía. Le hacían temblar de emoción. Se sentía asustado. ¿Qué será de su vida a partir de ahora? ¿A dónde iría? ¿Qué haría? No hay mayor terror ni suspense que el no conocer el futuro en un mundo incierto. Y viéndose de nuevo reflejado en el portal ¿Quién era? Volvía a replantearse cómo había cambiado todo en tan poco tiempo y necesitaba volver a encontrarse a sí mismo. El mayor miedo que se puede tener es el de la pérdida de la cordura, la pérdida de la identidad y del control sobre uno mismo. Hay factores en esta vida que no están sujetos a las acciones de uno mismo y estamos a su merced. No controlamos todo nuestro entorno ni nuestro destino aunque así lo pretendamos... No tenemos absoluto control sobre nuestras insignificantes y frágiles vidas. Eso asusta. Ojeó la fachada y la terraza. 
-Buenos días, señor.
Aquello le sacó de su trance. El portero de la mañana, con amplia sonrisa, le abría la puerta y dejaba espacio para que pasara.
- ¡Oh! Buenos días, José.


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MITOLOGÍA GALLEGA

Si hay una comunidad en la península que albergue gran número de mitos y leyendas esa es sin duda Galicia. En cada comunidad hay sus mitos y leyendas, pero Galicia parece que siempre salta a la mente de cualquiera que piense en una región española mágica. Son tantos y tantos los misterios e historias de la región, que para tratarlos como se merecen haría falta un blog dedicado sólo y exclusivamente al tema, pero voy a intentar tratar algunos de sus misterios en un solo artículo.

Galicia. Boscosa. Lluviosa. Llena de montes y ríos, bañada por las aguas bravas del océano, compuesta por grandes ciudades pero sobre todo por miles de aldeas dispersas por su geografía. En el noroeste de España se encuentra Galicia, una tierra famosa en todo el mundo por ser donde se encuentra el destino del Camino de Santiago. Pero también por ser un lugar mágico y misterioso donde, durante siglos, la leyenda ha convivido con la realidad. Aquí se habla de enigmáticos seres que habitan los bosques, montañas o el mar. Quizás las dos apariciones o seres más famosos sean las meigas o la Santa Compaña, pero no son los únicos.

LA SANTA COMPAÑA

La Santa Compaña no es Santa, pues tiene un origen pagano. De origen celta más concretamente. Hace al menos 3.000 años que se habla de estas comitivas funestas en petroglifos. Se pensaba que eran almas de los muertos que ayudaban a cruzar el umbral a las almas en la tierra. Luego se consideró que eran almas en pena condenadas en la tierra con función de reclutar más almas a su comitiva.

 La leyenda actual dice que es una procesión de muertos y almas en pena que vagan por el norte de la península, a partir de la medianoche amparados por la oscuridad. No son exclusivos de Galicia, aunque comúnmente se les asocia con esas tierras. Visten largas túnicas con capuchas, generalmente no se les suele ver el rostro, y caminan descalzos en dos filas paralelas, entonando extraños cánticos y rezos. Unas seis o doce personas, aunque a veces se han dado casos de cuarenta o cincuenta o incluso innumerables muertos. También se dice que se puede oír un sonido como de cadenas. Cada uno de los espectros lleva una vela encendida con ellos y a su paso queda un olor como a vela o a incienso en el aire. Antiguamente, las primeras descripciones reportaban luces tenues en lugar de velas. Se dice también que se siente un frío intenso cada vez que aparecen. Algunos dicen que los fantasmas se ven como nebulosos, blancos transparentes. Otras fuentes informan de sombras, viéndose solo las luminarias. Encontrarse con la procesión es un mal augurio, ya que predice la muerte inminente del testigo o la llegada de alguna tragedia para el mismo. La Santa Compaña busca a una persona viva para que les guíe. Alguien que tenga que expiar y redimir una culpa. Ésta persona deberá desfilar delante de ellos con una gran cruz y un caldero lleno de agua bendita. Éste guía no recordará nada durante el día, pero irá empalideciendo y adelgazando y su semblante se irá oscureciendo aunque por las noches emanará una extraña luz como si brillase. Éste guía volverá a encabezar la procesión de la Santa Compaña. Cuando un guía muere agotado, pasa a formar parte de sus filas. Tras el vivo suele ir un espíritu caracterizado por ser el más grande de todos, denominado como Estadea, y luego el resto de fantasmas en dos filas. Algunas fuentes ponen cara a la Estadea, es un fantasma muy alto que porta un sudario, como rostro tiene una calavera que sobresale de la capucha con unos ojos llameantes. Se dice que también se puede aparecer este espectro de modo individual.

En Wikipedia dicen los motivos por las que se presenta y la manera de defenderse:

Los motivos de su aparición:

Para reclamar el alma de alguien que morirá pronto. Cuenta la leyenda que quien recibe la visita de la Compaña morirá en el plazo de un año.
Para reprochar a los vivos faltas o errores cometidos. Si la falta es especialmente grave, el mortal que la ha cometido podría recibir la visita de la Compaña para que la encabece condenándolo así a vagar hasta que otro mortal le reemplace.
Para anunciar la muerte de un conocido del que presencia la procesión.
Para cumplir una pena impuesta por alguna autoridad del más allá.

Cómo defenderse o protegerse de la Santa Compaña:

Abrir los brazos en cruz y pronunciar Jesucristo cuando te vayan a dar la cruz.
Responder "Cruz ya tengo" cuando el vivo que lleve la cruz intente dar la cruz diciendo "te toca a ti" o "toma tú".
Llevar los brazos cruzados.
Llevar las dos manos ocupadas, con una piedra, un palo...
Cuenta la leyenda que la Santa Compaña no tendrá el poder de capturar el alma del mortal que se cruza con ella si este se halla en los peldaños de algún crucero de los situados en los cruces de caminos o si porta una cruz consigo y logra esgrimirla a tiempo.
Dibujar un círculo en el suelo y meterse dentro mientras la Santa Compaña pasa.

Dicen que siempre ofrecen velas, y si se las toma, inmediatamente el incauto pasaría a formar parte de la procesión fantasmal. Lo mejor es no tomar ningún ofrecimiento de esta procesión. Otra manera de evitar la maldición de la Santa Compaña es dibujar un círculo en el suelo con una cruz dentro o la estrella de Salomón, meterse dentro y, arrodillado mirando al suelo, rezar. No se les debe escuchar a la Santa Compaña, ni mirar, tan sólo rezar y esperar. En las noches de difuntos (31 de octubre) y en la de San Juan (24 de junio) es mejor no acercarse tan siquiera ni a los bosques ni a los cementerios. Ambas noches se dice que se presenta con más frecuencia.

Éstos son algunos de los testimonios de personas que aseguran haberse encontrado con la Santa Compaña a lo largo de su vida:

Alfredo Pereira (Médico):
"En aquel entonces yo debía tener 10, 11 o 12 años. Y cierta noche que pasábamos por aquí, íbamos a casa, iba con mi abuela y un pariente, y al llegar a esta altura de la curva vimos unas luces que se metían por ese camino, un caminito que hay ahí, y se asustaron. Yo no sabía lo que era. Y echaron a correr, empujándome, tapándome la cabeza, la cara para que no viera y yo intentando ver, y “vámonos, Dios mío, Jesús, ¡ay, ay! Los difuntos” y no sé qué… No le di mucha importancia porque no sabía lo que era. (…) Era como una procesión de luces, no sé más o menos a qué distancia una de otra, y no eran unas luces que fueran muy intensas, eran unas luces como apagadas, y como alguien que las llevaba, pero no se veía, no se distinguía quién… Eran unas luces tenues, y como un silencio, un silencio que… sería como unos diez, doce metros o algo más, de luces con una distancia de tal vez de un metro y  pico. Yo intentaba ver porque me llamaba la atención pero ya no… ya no puedes ver nada. O sea, porque te están empujando y escapan corriendo. Como con terror. (…) Luego, pues ya empiezas a saber de éstos detalles y ya te das cuenta de que aquello pudo haber sido la Santa Compaña, porque otra gente aquí no pasa con luces por la noche ni nada de eso."

Se suele decir que la Santa Compaña se aparece en bosques, ermitas, iglesias o capillas abandonadas, caminos, cruces de camino o lugares así, lugares poco poblados y alejados de la gente, pero he encontrado testimonios de gente que dice haberla visto por las calles del pueblo, entre las casas. Como digo, versiones hay todas las que quieras y más. Una señora, de nombre María Teresa, en una localidad cercana al Río Miño en la frontera con Portugal, en una noche que salió a recoger manzanas, observó cómo una comitiva fúnebre pasaba junto a su casa. Poco después fallecería un vecino suyo, con lo cual asoció esa visión con la muerte del hombre.

Y veo por allí, veo una gran procesión muy grande de encapuchados, muchos, muchos, muy altos. Y lo que me llamó la atención es que no andaban. Es como si estuvieran en ruedas o flotaban, digamos. Y tenían en la mano, cada uno, tenía una vela muy grande y muy gorda. Encapuchados. Y yo estaba ahí y yo me cubría, y los veía, y primero… bastante tiempo, pero muy largo, bastante tiempo, unos dos o tres minutos, es muy largo. Fue muy larga. Y entonces, uno se dio la vuelta y me miró. Me miró. Y se puede decir que me miró y yo no le vi nada, pero sé que me miró. Y continuaban andando, llegué a casa, y entré al comedor y decía yo, dije yo para mí “ni que estuviéramos en carnaval”. Porque yo no sabía lo que era. (…) Yo he visto una gran fila de personas, encapuchados, iban con capuchas, la ropa como la del Ku Klux Klan, blanca. Blanca, sí. Cuando pasaba oí “Taaaammmm Taaaaaammmm” y después se oía “Talamtalam talamtalam la muerte”. Tocaba la muerte. Y yo creo que lo que oí sonar era la muerte. Entonces, ah, esto es la Santa Compaña, sí. Entonces, parece que hay gente viniendo de ver a un muerto. La Santa Compaña son muertos que han venido a ver a uno antes de morir. (…) Y se murió el vecino.

Uno de los nombres que recibe la Santa Compaña es “La visión” porque se dice que sólo algunas personas tienen la facultad de poder ver ésta procesión mortuoria. En el siguiente caso se da ésta situación, también se hace referencia a la imposibilidad de ver el rostro de los difuntos a excepción del vivo que los acompaña:
En San Salvador de Budiño, a mediados de los años 50, Josefa Romero, una niña de 9 años y su madre caminaban por un estrecho camino por el que no había iluminación cuando ambas escucharon un sonido de pasos intensos. La madre apartó a su hija del camino y se echaron a un lado mientras que los pasos se hacían cada vez más intensos y se aproximaban. La madre sólo podía escuchar los pasos, pero la niña vio a la comitiva. De todos los participantes de esa procesión, a los que no pudo ver la cara en ningún momento, sólo reconoció a una persona a la que sí distinguió: a una vecina. La niña le dijo a su madre que allí estaba la vecina, entre esa gente, y la madre la ordenó callarse para no llamar la atención. Todos los gallegos saben que cuando aparece la Compaña va acompañada por una persona viva y que si esa persona le pasa la cruz o lo que lleve a otra persona viva, la condenará a que acompañe a la Santa Compaña cada noche que vayan a visitar a una persona que está a punto de fallecer. Digamos que es como un relevo muy chungo. Ésta mujer que iba en la procesión, dos o tres días después, falleció cuando un rayo entró por la chimenea de su casa y la impactó de lleno.

Si alguno de los miembros de la Santa Compaña te entrega un cirio, una cruz o lo que sea, estás condenado a unirte a sus filas. Como decían las madres: “no cojas nada de extraños” y en este caso, ni de conocidos tampoco.

Josefa Romero:
Yo lo he visto y lo creo. Algunas personas que no lo han visto pues… no lo sé, porque cada uno es libre de creer o no creer ¿comprende? Pero yo sí lo creo.”

En la tradición asturiana: La Güestia.
En Asturias se denomina la Güestia. Consiste en una procesión de personas encapuchadas que se acerca a la casa de un enfermo moribundo y, tras dar tres vueltas en torno a ella, el enfermo muere. Normalmente se trata de aparecidos que conoce el moribundo, por lo que parece emparentarse con la leyenda celta de la Banshee irlandesa. Se dice que van exclamando: Andad de día, que la noche es mía. Y se cuenta el relato de una mujer que salió de su casa por castañas, pensando que ya era de día, y un miembro de la procesión le dijo que era su padrino, entonces ya muerto, le tendió la vela encendida, la cogió y, al cabo de unos días, enfermó y murió.
En la tradición extremeña: Corteju de Genti de Muerti.
En Las Hurdes (Extremadura) aparece un Corteju de Genti de Muerti compuesto por dos jinetes fantasmales que causan de madrugada el pánico por los pueblos, ya que quien los ve puede resultar muerto.
En el reino de León: La Estadea y la Hueste de Ánimas.
En Zamora se la denomina La Estadea y es una mujer que vaga por los caminos y los cementerios. No tiene rostro y huele a la humedad de los sepulcros. Sólo se aparece a aquel que va a morir. En León se la llama La Hueste de Ánimas.


MEIGAS

Meiga es el nombre que se da en Galicia, y en zonas colindantes de León y de Asturias, a la bruja o a la hechicera cuyo cometido es megar, esto es, enmeigar, hacer el mal a personas y animales, para lo que establece un pacto con el diablo. Según el antropólogo Carmelo Lisón Tolosana la meiga no debe confundirse con la bruxa que hace el bien y es capaz de deshacer los conjuros maléficos y el mal de ojo de las meigas.

Según la tradición, no todas eran malvadas, pero sí la mayoría. Lo que hoy en día es un símbolo de la nacionalidad gallega era antiguamente un estigma social. Se las considerada como causantes del mal de ojo o meigallo,  también se creía que chupaban la sangre de los jóvenes y agotaban los campos. Aún hoy en los pueblos de Galicia se coloca una planta encima de la puerta de entrada para ahuyentar el meigallo. La Queimada o con su conxuro sirve para el mismo fin, alejar a las bruxas y encantadoras.

Tipos de meigas:

Meigas chuchonas (o chupadoras): son las más peligrosas, y se presentan con distintas caras o transformadas en vampiros e insectos, como abejorros. Chupan la sangre a los niños y les roban los untos (grasa corporal) para ser empleados en la elaboración de ungüentos y pociones. Eran una especie de sacamantecas.
Asumcordas o brujas callejeras: espías de las gente y vigilantes de quienes entran y salen de las casas.
Marimanta: es la meiga del saco, roba niños y los hace desaparecer.
Feiticeira (Hechicera): viven cerca de los ríos y riachuelos, aunque anciana, su aspecto no repele, posee una voz muy bella que con sus cantos hipnotiza a los chicos que se acercan al río y hace que se vayan metiendo en el río, donde al fin se ahogarán.
Lavandeira: esta meiga sorprende al caminante que pasa por un lavadero, invitando a este a que la ayude a escurrir las prendas que lava, con manchas de sangre todavía tibia, a consecuencia, según se dice, de un mal parto. La persona ha de tener cuidado de torcer la ropa en el mismo sentido que ella, porque de lo contrario, la desgracia caerá sobre su casa.
Lobismuller (mujer loba): tienen que haber nacido en Nochebuena o Viernes Santo, o bien ser la séptima o novena de una familia donde todas las hijas son mujeres. Es parecida al lobisome.
Vedoira: es esbelta y agradable en el trato. Posee facultades adivinatorias, y son expertas en contactar con el más allá para decir si alguien fallecido está gozando eternamente en el cielo o si aún penan en el Purgatorio.
Voladoira: vuela y hace piruetas acrobáticas en el cielo.
Cartuxeira: son meigas echadoras de cartas, que siempre aciertan en sus vaticinios.
Agoreira: estas meigas envejecen prematuramente, pero viven muchísimos años.
Dama de castro: estas meigas viven bajo castros milenarios o bajo tierra en un castillo de cristal, llevan siempre un largo vestido blanco de cola y siempre atienden a solicitudes de la gente. Ya que goza de bienestar y fortuna ningún tipo de halago o favor sirven para recibir de ella consejos o regalos; al contrario suele aparecerse a personas afligidas por alguna situación difícil de su vida, y a esas personas otorga sus favores.

Para defenderse de ellas y de sus hechizos existen amuletos que pueden colocarse en las casas o colgarse del cuello del afectado. Estos son algunos de ellos:

- Colocar una escoba vuelta del revés tras la puerta de la entrada.
- Llevar un diente de ajo, una castaña pilonga. Llevar una higa (mejor de azabache compostelano) colgada del cuello o unos cuernos de vacaloura (un tipo de escarabajo).
- Tener en casa tierra bendita de los cementerios o ramas de laurel bendito el Domingo de Ramos.
- Buscar garras de fieras o dientes de lobo.
- Poseer en forma de varitas, colgantes o pectorales, trozos de azabache, ámbar y distintas piedras capaces de rechazar los venenos y encantamientos.
- Tradicionalmente se cree que saltando la cacharela de San Juan tres veces o múltiplo de tres se espanta a las meigas.

Es muy popular la frase, "Eu non creo nas meigas, mais habelas, haylas” (Yo no creo en las meigas, pero haberlas, las hay), que resume a la perfección el equilibrio del carácter gallego entre lo práctico, la incredulidad y el misticismo. El meigallo es el hechizo que realizan las meigas. Un ensalmo muy común es "¡Meigas fóra!", que es acompañado del gesto de la higa.


MOUROS Y MOURAS

Los castros gallegos se creen que fueron construidos por los mouros en la antigüedad. Los mouros son, según las leyendas, “los constructores de los castros, túmulos castillos, petroglifos, rocas, cuevas, etc. Son un pueblo mágico, hoy escondido bajo tierra. A nuestro parecer, son los antiguos habitantes de Galicia, transformados y encantados.” Durante el transcurso del tiempo, la palabra mouro pasó a ser usada como “otro”, “extraño”, “antiguo”, para hablar de cualquier cosa o hecho del pasado que no se podía explicar por otra vía.

La mayoría de leyendas los describen como hombres y mujeres de piel blanca y pelo rubio, de gran altura y constitución fuerte ellos, y de gran belleza ellas. Se dice que ocuparon nuestra tierra y gran parte del norte de España, empezando por Asturias donde también es bastante conocida esta leyenda. Se cree que podrían ser los habitantes de los castros, celtas o incluso habitantes anteriores a ellos.
Otras leyendas los describen como gentes oscuras de piel, venidos de tierras lejanas del continente africano, mientras que las mouras tenían fama de hechiceras y solían ser rubias y de piel blanca, de ahí que también se les asocie con los pueblos del norte de Europa.

Incluso en algunas leyendas se llega a decir que son antropófagos e incluso que tienen poderes mágicos. Se dice, por ejemplo, que dando una patada al suelo pueden abrir una brecha y entrar por ella al subsuelo donde se esconderían. En muchas de ellas se cuenta que aún viven actualmente escondidos bajo los túmulos y castros en grandes palacios. Estos palacios se dice que estaban llenos de tesoros por lo que hubo una época en el pasado en que se expoliaban los restos arqueológicos en busca de estos, destrozando parte del patrimonio histórico.

Aunque actualmente a nivel popular ambas criaturas no se diferencien, sí se diferenciaban en su momento. Los mouros básicamente, pertenecerían a una raza de seres ancestrales (con manifestaciones actuales), mientras que las mouras pertenecen al llamado mundo de los elementales o espíritus de la naturaleza. En los mouros prima más el aspecto colectivo, de raza, mientras que en las mouras lo que predomina es la individualidad y lo sobrenatural.

Los Mouros:

Los Mouros son criaturas de las mitologías del noroeste de la península, especialmente en la mitología Gallega. En ocasiones también se les denomina Moros (no tiene nada que ver con los invasores musulmanes).

Los Mouros son criaturas que físicamente son parecidos a los humanos, pero de mayor tamaño (en algunas fuentes incluso son gigantes), con la piel de color negra o terrosa debido a que viven en el subsuelo en guaridas y túneles bajo la tierra, donde se dedicaban a la minería (especialmente a la extracción del oro), metalurgia y orfebrería. Destacaba el hecho de que todos sus objetos estaban hechos de oro (cuchillos, arados, tijeras, etc). Esto hace que los Mouros sean un pueblo muy rico.

Aunque son un pueblo mágico, tenían una forma de vida muy parecida a los campesinos: Tienden la ropa, trabajan los campos, crían animales de granja (caballos, gallinas, vacas,….), beben vino (algo que les encanta), van a las ferias, etc…

Son un pueblo que hace muchos tratos con los mortales. Realizan con ellos negocios, intercambios o favores. A cambio de la ayuda del mortal, independientemente de la dificultad del trabajo, el Mouro siempre pagaba con oro, lo único que exige es que el mortal no revele la procedencia del oro. De no cumplir su palabra, el oro se transforma en carbón o en piedras, incluso en algunos relatos, el Mouro mata al mortal por incumplir su promesa. También poseían fama de guardianes de fabulosos tesoros, que constituyen el origen de la riqueza de varias familias.

Aunque no eran cristianos, también se les considera constructores de iglesias, además de bautizar a sus hijos y daban sepultura a sus muertos siguiendo ritos cristianos.

Las Mouras:

En la mitología gallega, las Mouras (también conocidas con diversos nombres como madamas, donas, encantos, hadas, etc.) son mujeres bellísimas de cabellera rubio (aunque tirando a rojizo), ojos azules, piel blanca y vestidas de blanco, que habitan en las fuentes, ríos, castros, mámoas y ruinas de antiguos monumentos, en donde guardan valiosísimos tesoros. Son seductoras y encantadas, teniendo grandes cualidades para el baile y la composición e interpretación de canciones. Tienen la capacidad de adoptar formas diversas, pero ellas prefieren la de serpiente o culebra.

Se sientan a orillas de los manantiales, fuentes o ríos, donde lavan, tejen, hilan donde peinan sus largos cabellos con peines de oro. Prometen tesoros y grandes riquezas a quien rompa su hechizo. Les gusta aparecerse al lado de su morada en pleno día en esta forma (sobre todo el día de San Juan). Si un hombre las ve, es seducido por ellas, y la única forma de que ella también se enamore de este humano, es rompiendo el encantamiento que pesa sobre la moura, besándola o haciendo el ritual que ella le indique. Si logra romperlo, conseguirá desposar a la moura, ahora convertida en una hermosísima moza tras romper el encanto, y poseer el tesoro que esta guardaba. Todas las mouras tienen muchas riquezas, entonces el que con ellas se espose será rico y la buena suerte estará siempre con él.


NUBEIROS

Los nuberos, nuberus, ñuberus, o nubeiros son personajes de las mitologías asturiana, cántabra y gallega. Se les llama de las cuatro maneras respectivamente según qué mitología. Al Nubeiro gallego también se le conoce como “el morador de los aires”.

Cabalga los cielos dirigiendo relámpagos. Controla el tiempo a su voluntad y se divierte provocando tormentas y tempestades, goleando las nubes con un martillo de hierro, lanzando centellas a los animales y arruinando las cosechas de los hombres con el granizo. De vez en cuando baja a la tierra a ver el resultado de sus hazañas. Sale por las mañanas "a fazer a trona" (hacer tormentas) y vuelve a media noche, con unos cuantos lagartos y culebras. Se dice que quita los reptiles de los campos de las gentes de buen corazón para depositarlos en los campos de las gentes avaras, malvadas, envidiosos o egoístas.

Se le tiene temor por los destrozos que producen en los pueblos y a ellos se les atribuyen las temidas noches de aguaceros y tempestades. Es por ello que durante las horas de oscuridad los lugareños encienden cirios y hacen tañer las campanas para ahuyentarlos.


Se describe a este ser como con forma de hombre, un fuerte gigante, barbudo, muy peludo, chamuscado por los rayos que hace caer a la tierra, viste con ropas andrajosas hechas de pieles generalmente negras y posee aspecto desaliñado. Suele ser olvidadizo, pues se le escapan las nubes que le llevan de un lado a otro con relativa frecuencia; en tales casos, el Nubeiro tiene que pedir asilo en las casas y cabañas que encuentre. El Nubeiro se asocia, además de a las tormentas, truenos y relámpagos, a la niebla y a los aludes, si bien en este último caso, no suele ser muy frecuente.


TRASNO

Un Trasno es una criatura mitológica tradicional gallega. Se le describe como una especie de duende al que le gusta hacer travesuras y pequeñas maldades. En ocasiones también se le describe como un diablillo, entendido como ente distinto del Demonio, aunque nunca es tan maligno como éste.

Según la tradición habita en los bosques más frondosos o en las cunetas de los caminos esperando que pase alguien para desvalijarlo. Suele ser de hábitos nocturnos, actuando siempre a la luz de la luna, y sirve para explicar sucesos de causa aparentemente desconocida, sobre todo sucesos accidentales que comportan un daño poco grave. Así, el Trasno trama para hacer que se rompa la vajilla, que se pierdan las llaves, que caiga un vallado, que se líen los novillos que esté cosiendo una muchacha, etc... Pero el Trasno también puede andar detrás de una persona y seguirla a todas partes. Algunas veces toma forma animal (como un caballo, un perro abandonado, etc...) y es mencionable su asombrosa facultad para esconderse en cualquier momento y lugar.

De acuerdo con la cultura popular, existe un truco muy eficaz para liberarse del Trasno. Consiste en dejarle en un plato o, mejor, ciscado no chan (esparcido por el suelo), una buena presa de lentejas, habas, granos de maíz o algo semejante. Como el Trasno no sabe contar más de cien, cuando llega a esta cifra tiene que empezar de nuevo, y así se le mantiene ocupado sin que siga haciendo de las suyas.

Aunque no es tan malévolo, dada su personalidad, suele ser confundido con el Tardo.


TARDO

Es similar a un Trasno pero mucho más malévolo. Es un ser pequeño, peludo, con muchos dientes, de color verde, con los ojos redondos y negros; tiene barba y usa ropas viejas y un gorro rojo. Además, se diferencia de otros duendes porque lleva una pequeña y afilada espada. Acostumbra a vivir bajo tierra y cava pequeños agujeros por los que colarse dentro de las casas. Una vez dentro le encanta fisgonearlo todo pero, a pesar de que es muy curioso, termina dejando las cosas como las encuentra. Su diversión preferida consiste en sentarse sobre el pecho de las personas mientras duermen, causándoles, además de una gran opresión, dolor y terribles pesadillas.

Es muy cobarde, y nada inteligente y cuando se encuentra en alguna situación complicada, no duda en suplicar dócilmente para salir bien parado. Además, teme a los perros y a los gatos porque lo pueden ver con facilidad. Aunque tiene un tamaño muy pequeño, pesa mucho. Aprovecha la oscuridad de la noche para entrar en las casas de los que están durmiendo, y así, sentarse sobre su pecho provocándole unas pesadillas terribles y dolor en el pecho, como si tuviese una gran pena dentro.

Para librarnos de este molesto ser, basta con que dejemos un cuenco lleno de grano en la cocina. Como es muy curioso, irá a ver el cuenco y empezará a contar los granos. Como solo sabe contar hasta diez (o cien en algunos casos), al llegar a este número se pierde y vuelve a empezar. Está así toda la noche y cuando se hace de día, el Tardo va a seguir al lado de la cuenca, entonces lo cogemos y lo echamos fuera de nuestra casa. Ese molesto ser ya no volverá a entrar más en nuestro hogar.

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miércoles, 25 de mayo de 2016

Escena eliminada de Cicatrices #1

La pareja se palpaba y manoseaba apasionadamente amparados por la oscuridad de la noche, ocultos entre las sombras. En aquel camposanto viejo y mohoso, el único sonido que se oía era el de sus labios y la respiración acelerada. Un crujido de una rama.
- ¡¿Qué ha sido eso?! -gritó la chica sobresaltada.
- No ha sido nada, habrá sido el viento o algún animal.
El joven continuaba sobando a la chica mientras la besaba el cuello.
- ¡Para! ¡He visto algo! -gritó ella apartándole de un empujón.
- ¿Pero qué dices?
- Ahí, entre las lápidas, algo se ha movido, ¡una sombra se ha movido!
El chico miró tratando de enfocar su visión a las tumbas donde ella decía haber visto algo. Pero ni allí ni por las inmediaciones se veía nada, ni se escuchaba nada. Él se levantó y abrochó el pantalón. Se arregló un poco la camisa y avanzó unos pasos.
- ¡No vayas!
- Tranquila, no pasará nada. Será algún animal, algún chucho callejero.
- Tengo miedo, siento un escalofrío. Vámonos de aquí, por favor.
- ¿Te dan miedo los muertos? -soltó una carcajada.
- No hagas bromas. Siento algo extraño.
- No te asustes, voy a echar un vistazo, espérame.
El chico avanzó, aunque quería hacerse el valiente y vacilar un poco a la chavala, también sentía un escalofrío inquietante que iba más allá del frío húmedo de un cementerio costero. Pero no veía nada, no oía nada. Era un silencio sepulcral, casi sobrenatural. Avanzó entre las brillantes lápidas de granito pulido. Las cruces y las imágenes religiosas miraban al intruso con manchas negras de moho que caían por las mejillas de las estatuas y que simulaban lágrimas. Pasó por delante de los nichos de los que colgaban viejas flores muertas. La verdad es que el corazón se le aceleró porque, aunque no veía nada, sentía una presencia. Se sentía observado y no sabía por quién.
- ¡¿Hola?!
Su voz se perdió en el silencio de la noche y todo volvió a quedar en el más absoluto silencio. Su imaginación le estaba jugando una mala pasada y los asesinos aparecían tras las tumbas y los fantasmas se lamentaban por osar pecar en un lugar sagrado. Comenzó a sentir auténtico pavor al caminar solo en la noche por allí. Un remolino de aire gélido apareció de la nada bufando y con la misma rapidez desapareció. El joven se santiguó y decidió ir en busca de Amanda, a la que había dejado sola. En su camino de regreso, por un momento temió haberse perdido entre las tumbas, pero enseguida encontró el camino. Amanda no estaba, sólo su chaqueta vaquera. Él la recogió.
- ¡Amanda!
No hubo respuesta. Lo que faltaba, ahora ella se habría escondido para asustarle, como siempre hacía.
- ¡Amanda, déjate de bromas! ¿Dónde estás?
Silencio. Ni un susurro. Ni una respiración, sólo el latido de su propio corazón latiendo cada vez más fuerte dentro de su pecho. Se echó la mano al bolsillo y sacó el teléfono. Marcó su número y esperó. Pero el móvil de la chica no sonaba por ningún lado, sin embargo daba la señal. Aguardó y agudizó el oído por si ella lo había puesto en vibrador para continuar con la broma. Nada.
- ¡Estupendo! ¡Amanda, sal hostia!
Silencio. Comenzó a caminar de nuevo entre las tumbas buscándola. No había ni rastro. Se asomó por la verja al coche aparcado en la entrada, estaba vacío. ¡Qué tontería! había cerrado con llave y él tenía las llaves, no podría haber subido al vehículo. Miró por debajo por si veía las piernas de la chica, por si estuviera escondida detrás. Nada. Por fuera del cementerio no estaba, ni a uno ni otro lado de la valla. Entró de nuevo, cada vez más nervioso. Dio otra vuelta entre las tumbas.
- ¡Amanda, joder, déjate ya de tonterías! ¡Vámonos!
Volvió a llamar por teléfono. Nada, daba señal pero ella no lo cogía ni se oía por allí cerca. Bufó. Estaba empezando a perder la paciencia, mitad enfadado mitad asustado por si aquello no era precisamente una broma, aunque de ello intentara auto convencerse.
- ¡Amanda, joder!
Miró lápida por lápida, la zona de los nichos, la entrada, el perímetro, el tanatorio contiguo... ni rastro de la chica ni el más mínimo sonido. No tenía sentido. ¿Dónde se había metido para no verla ni oírla? ¿A dónde había ido? La carretera se adentraba hacia las lejanas luces del pueblo, pero dudaba que hubiera ido andando por allí. ¿Por qué coño la dejaría sola? Empezaba a esta muy asustado. Volvió a recorrerse el cementerio por dentro y por fuera, llamándola a gritos y al móvil y con idénticos resultados. No sabía qué hacer. ¿Debería coger el coche y marcharse, dejándola allí sola? ¿Debería seguir buscándola por si le había pasado algo? ¿Debería recorrer el camino hasta el pueblo? ¿Esperarla allí? ¿Qué?  

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Creación de personajes

CREACIÓN DE PERSONAJES

Como se suele decir, cada maestrillo tiene su librillo. En mi caso hablaré de cómo me las apañé para crear mis personajes para “Cicatrices”. No sé si será la mejor o peor forma de hacerlo, pero me parecía interesante ir compartiendo con vosotros estas cosillas por si os son de utilidad. Obviamente, hay varios tutoriales por internet sobre cómo crearlos, pero yo hablaré de mi caso y de cómo me las he apañado para ir haciéndolos. Empezaré hablando de uno de los protagonistas: Miguel.

Base:

Para hacer su personaje, lo primero antes que nada era pensar en quién quería que fuese el protagonista. ¿Sería hombre o mujer? ¿Joven o mayor? ¿Cómo se llamaría? Parece obvio, pero es necesario hacerlo, sin esa base no se puede continuar. Me imaginé a un chico, de unos 25 años, y le puse un nombre que me gusta, Miguel. Con estas pocas características ya se acortan el número de posibilidades de forma de ser y de actuar. Es poco, pero ya empieza a definirse algo más el personaje. Con su edad, por ejemplo, podemos deducir que no está jubilado o que padece de alzhéimer ni anda intercambiando chuches y cromos con sus amiguitos de la escuela (o al menos, no debería ser así).

Características:

Tanto las características físicas como los rasgos de su personalidad van creándose casi simultáneamente, al menos, así lo hice yo. Una personalidad determinada influirá en un look o apariencia determinado, y viceversa. Me imaginé un chaval que se pareciera a mí en varios aspectos, por ejemplo, que fuese  introvertido, que a primera instancia pudiera resultar desagradable pero que en el fondo no fuera mala gente, que le gustara el arte (o en su caso la literatura y el rock), etc. A partir de ahí pude ir visualizando cómo era probable que se viese, me lo imaginé como un Miguel Ríos joven o un Sergio Dalma rejuvenecido. Me gustaba ese aspecto de bohemio y rockero de ambos para el personaje. Entonces, para ayudarme a ver mejor cómo vestiría y su apariencia, fui haciendo algunos bocetos, casi caricaturescos, pero suficientes para hacerme una idea de cómo debía verse. Una vez se tenga en mente más o menos como se va a ver, recomendaría hacer algún boceto (o varios) o tener alguna imagen que lo represente.

Continué definiendo su personalidad a base de lógica. Si es un chico con inclinaciones artísticas, debía ser un chico sensible. Si le gustaba el rock muy probablemente vistiera vaqueros o chaquetas de cuero. Si era introvertido y reservado, es una posibilidad que vistiera colores apagados, formales, o incluso oscuros, como el negro. No creo que una persona así vista con tonos llamativos siendo el centro de atención de todo el mundo. Además que el negro creo que le pega muy bien con la personalidad y el aspecto del muchacho (ya dije antes que la fuente de inspiración para el físico fueron Miguel Ríos y Sergio Dalma). Tampoco me lo imaginé con movimientos excesivos, más bien con tono de voz sosegado y moviéndose con tranquilidad. Además que el aspecto “ennegrecido” y delgado sería también un rasgo que podría ser fácilmente recordado por los lectores, por eso abusé de ese color en él (ojos oscuros, rizos azabaches, tez morena, ropa oscura, etc), creo que siempre es mejor crear una imagen visual en la mente del lector sobre un personaje por algo que le caracterice físicamente. Como un sello distintivo o marca personal. Un aspecto único, llamativo o icónico siempre se graba mucho mejor en la mente que un aspecto mucho más común, y sería también más fácil de recordar más adelante en el relato. “¿Quién es Miguel? ¡Ah, el rizos! Ya me acuerdo…”

Hasta ahora tenemos a Miguel, de 25 años, con rizos, de aspecto moreno que viste ropas oscuras y al que le gusta la literatura y el rock. Ya vamos imaginándonos cómo es, pero aún no es suficiente.

Detalles y pasado:

Habría que definir además su forma de ser, sus actos o incluso de dónde viene o porqué es como es (aunque luego no se explique extensamente en la historia, pero es bueno que al hacer el personaje se tenga en cuenta). En Cicatrices sí que cuento un poco sobre el pasado de Miguel y se ve el porqué es como es, pero tampoco es algo completamente necesario de hacer. Como digo, sí sería necesario que al menos el escritor lo supiera, aunque luego no lo ponga en su historia.

Miguel, como es lógico, tiene una serie de personajes a su alrededor, familiares y amigos, y como es de suponer, interactúa y se relaciona con ellos. Uno de esos personajes es su hermana menor, Mar, a la cual suele proteger. ¿Por qué? Pues podría haber puesto cientos de motivos, pero en Cicatrices decidí que fuese por la separación de sus padres, cosa que ha dejado una profunda cicatriz (valga la redundancia) en la vida de la familia. ¿Por qué es como es, tan serio y reservado? Quizás porque ha tenido que espabilar pronto y madurar rápido al cuidarse a sí mismo y de su hermanita, ejerciendo casi como padre en ocasiones. La separación del matrimonio y la actitud de Miguel para con su hermana es un punto que, aunque no sea decisivo, refuerza el carácter que en la actualidad tendría. Se puede tejer el pasado que uno quiera para explicar su comportamiento y forma de ser, pero escogí ese ya que me pareció que encajaba bastante bien, no sólo en el personaje de Miguel, si no en el resto de la familia y de la historia. Habría que tener en cuenta los pasados, ya que en ellos se forjan los caracteres que actualmente tienen las personas, y con los personajes de un relato sucede lo mismo.

También se puede ir dando detalles sin importancia pero que enriquecen al personaje, como por ejemplo su modo de mover la boca al hablar:

A ella le encantaba esa manera de hablar que él (Miguel) tenía, no por lo que decía ni cómo lo decía, si no por su manera de mover la boca. El labio superior apenas lo movía y eso a Esther le parecía muy mono. Ella sin embargo, solía tener el labio superior levantado y solía mostrar los dientes superiores incluso si no sonreía.” (Pag.: 74)

También se puede hacer que un personaje repita mucho una palabra concreta (como cada vez que Esther llama “locuelo” a Miguel o la manera que tienen Miguel y Mar de llamar a su madre) o use expresiones propias de él. Se pueden ir añadiendo detalles de su comportamiento o psicología como el TEI (Trastorno Explosivo Intermitente) que sufre Miguel o la pasión de Esther por la música Jazz y los alimentos estimulantes. Eso ya es ir detallando y perfilando, puliendo el diamante. No es algo necesario al cien por cien, pero gana muchísimo un personaje rico en detalles de este tipo, mucho mejor que un personaje plano y sin nada más que nombre y edad. Al conocer detalles de su forma de ser, motivaciones, su pasado, etc se empatiza más con ese personaje, al igual que con las personas. Seguro que cualquiera siente más afecto y comprensión por un vecino al que ves a menudo que por el señor desconocido que se te acaba de sentar al lado mientras vas en el metro.

Otro punto interesante serían las motivaciones que tengan los personajes. Miguel por ejemplo va hasta Galicia por varios motivos entre los que se encuentran empezar a trabajar y terminar una novela que estaba escribiendo. Él sueña con terminar una novela y tiene la esperanza de que les van a ir bien las cosas al dejar atrás su pasado. Creo que estas cosas humanizan a nuestros personajes y  los hacen verse más como nosotros mismos, logrando otro punto de empatía hacia ellos.  Cada personaje y cada historia requerirá unas motivaciones u otras, un pasado u otro, una personalidad u otra, etc., pero en todas deberían estar presentes como mínimo todos estos puntos de los que he hablado. Tampoco es cuestión de hacer una biografía completa de un personaje y explicar hasta el más mínimo detalle de la ropa que viste, pero al menos sí tenerlo en cuenta a la hora de escribir. Eso se puede hacer en privado, es decir, para ti mismo, pero no contarlo todo, todo, todo en la historia. Se podría sugerir, dejarlo entrever o entre líneas, pero no sería muy bueno contarlo todo, todo, todo.

En ocasiones yo me he llegado a apuntar de un personaje hasta la fecha de nacimiento, estatura y peso, costumbres, ropas, posesiones, cronología, etc., y luego en la mayoría de las veces ni hago mención de todo ello en una historia. Ni mención ni alusión tan siquiera. Pero me lo apunto por si acaso pudiera hacer falta o debiera consultarlo para algo.

También es verdad (porque a mí me ha pasado) que a veces vas escribiendo una historia con unos personajes a medio terminar y a medida que escribes ellos solos se van terminando de dibujar y de completar. Te vas dando cuenta de las cosas que le vendrían bien o los detalles que le podrías incluir. Éste es el caso de otros de los personajes de Cicatrices: Christian, mejor conocido como Ojos de husky.

Ojos de husky empezó como un monigote más, un personaje secundario (o terciario si se puede decir), del que poco conocía hasta yo mismo. Básicamente era un estorbo para la familia y una excusa para que la hermana se volviera más rebelde. Pero luego, cuando la gente se empezó a interesar por ese personaje (sobre todo las chicas), decidí darle más vida. Y se la di en función de lo poco que ya tenía sobre él, y que era: Mote (no tenía ni nombre al comienzo), bien parecido y rubio, ojos claros, seductor y mentiroso. Ya está, no habría mucho más sobre lo que decir de él al comienzo.

Entonces hice el proceso a la inversa de lo que había hecho con Miguel. A partir de esas características ¿Cómo se llamaba? ¿Por qué era así? ¿Qué años tenía? El nombre de pila que le di fue una referencia a un personaje de una conocida serie de novelas que no me he leído, pero sí he visto su adaptación cinematográfica y ya me ha repelido de acercarme a los libros como un ajo repele al vampiro. Ahí se cuenta la historia de Christian, un psicópata con gustos sexuales un tanto duros que engatusa, manipula y somete a una chica indefensa, de carácter débil e ilusa. Me asustaba y repulsaba la idea de que muchas chicas considerasen eso como “amor” o “erótico”. Vale que cada cual puede hacer las prácticas que uno quiera en la intimidad, yo en eso no me meto, pero que venga un chulo y manipulador abusando de una chica… ¡No! Por ahí si que no paso, me niego. Mi personaje de Christian es lo mismo, sólo que él lo lleva un paso más allá, para mostrar lo que ese tipo de personas pueden llegar a hacer con las jóvenes incautas. No veo ningún atractivo o rasgo de hombría en la posesión y manipulación de personas débiles o inseguras. Que a alguien le guste el sado, lo puede entender; pero me es inconcebible que se vea con buenos ojos, incluso con cierta excitación, el abuso a las chicas y al poder del hombre sobre la mujer. Digamos que Ojos de husky pasó a ser de un personaje simplón a una crítica a dicha saga de novelas. Me han dicho que en las novelas no es tan heavy ni se da el mismo maltrato a la muchacha que en la película, pero ni con esas pienso leérmelas viendo lo visto en el film. Lo siento.

Siguiendo con el tema de hacer personajes, se pueden crear un personaje comenzando por su nombre y edad, siguiendo por su forma de ser, gustos, pasado, ambiciones, etc… o a la inversa, de su forma de ser y sacando su pasado, su edad, lo que le gusta, aspiraciones, etc. O incluso probar cualquier otra manera, por ejemplo, empezar por el pasado e ir avanzando su vida y ver como las circunstancias le van forjando el carácter y la personalidad… Eso nunca lo he hecho pero sería interesante y creo que se llegaría a ser mucho más detallado que de las otras maneras, no lo sé. Claro que no he llegado en la novela al mismo nivel de detalle con Ojos de husky que como con Miguel, pero eso es porque me parecía que no era tan importante para la historia como lo podría ser Miki.  

Lo mejor, en cualquier caso, es que cada uno experimente cómo le salen mejor los personajes y que vaya practicando. Aquí os he hablado de cómo los he hecho yo, puede que a otra persona no le funcione esto y tenga otra técnica; o puede que sí y haga sus personajes como yo, pero como dije al principio, cada maestrillo tiene su librillo, y este ha sido el mío por el momento. Iré posteando cosas nuevas sobre cómo trabajo a la hora de escribir y colgando algunas escenas inéditas y eliminadas de Cicatrices.

Gracias por leer esta parrafada.
Un saludo y hasta pronto.

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