Si hay una comunidad en la
península que albergue gran número de mitos y leyendas esa es sin duda Galicia.
En cada comunidad hay sus mitos y leyendas, pero Galicia parece que siempre
salta a la mente de cualquiera que piense en una región española mágica. Son
tantos y tantos los misterios e historias de la región, que para tratarlos como
se merecen haría falta un blog dedicado sólo y exclusivamente al tema, pero voy
a intentar tratar algunos de sus misterios en un solo artículo.
Galicia. Boscosa. Lluviosa. Llena
de montes y ríos, bañada por las aguas bravas del océano, compuesta por grandes
ciudades pero sobre todo por miles de aldeas dispersas por su geografía. En el
noroeste de España se encuentra Galicia, una tierra famosa en todo el mundo por
ser donde se encuentra el destino del Camino de Santiago. Pero también por ser
un lugar mágico y misterioso donde, durante siglos, la leyenda ha convivido con
la realidad. Aquí se habla de enigmáticos seres que habitan los bosques,
montañas o el mar. Quizás las dos apariciones o seres más famosos sean las
meigas o la Santa Compaña, pero no son los únicos.
LA SANTA COMPAÑA
La Santa Compaña no es Santa,
pues tiene un origen pagano. De origen celta más concretamente. Hace al menos
3.000 años que se habla de estas comitivas funestas en petroglifos. Se pensaba
que eran almas de los muertos que ayudaban a cruzar el umbral a las almas en la
tierra. Luego se consideró que eran almas en pena condenadas en la tierra con
función de reclutar más almas a su comitiva.
La leyenda actual dice que es una procesión de
muertos y almas en pena que vagan por el norte de la península, a partir de la
medianoche amparados por la oscuridad. No son exclusivos de Galicia, aunque
comúnmente se les asocia con esas tierras. Visten largas túnicas con capuchas,
generalmente no se les suele ver el rostro, y caminan descalzos en dos filas
paralelas, entonando extraños cánticos y rezos. Unas seis o doce personas,
aunque a veces se han dado casos de cuarenta o cincuenta o incluso innumerables
muertos. También se dice que se puede oír un sonido como de cadenas. Cada uno
de los espectros lleva una vela encendida con ellos y a su paso queda un olor
como a vela o a incienso en el aire. Antiguamente, las primeras descripciones reportaban
luces tenues en lugar de velas. Se dice también que se siente un frío intenso cada
vez que aparecen. Algunos dicen que los fantasmas se ven como nebulosos,
blancos transparentes. Otras fuentes informan de sombras, viéndose solo las
luminarias. Encontrarse con la procesión es un mal augurio, ya que predice la
muerte inminente del testigo o la llegada de alguna tragedia para el mismo. La
Santa Compaña busca a una persona viva para que les guíe. Alguien que tenga que
expiar y redimir una culpa. Ésta persona deberá desfilar delante de ellos con
una gran cruz y un caldero lleno de agua bendita. Éste guía no recordará nada
durante el día, pero irá empalideciendo y adelgazando y su semblante se irá
oscureciendo aunque por las noches emanará una extraña luz como si brillase.
Éste guía volverá a encabezar la procesión de la Santa Compaña. Cuando un guía
muere agotado, pasa a formar parte de sus filas. Tras el vivo suele ir un
espíritu caracterizado por ser el más grande de todos, denominado como Estadea,
y luego el resto de fantasmas en dos filas. Algunas fuentes ponen cara a la
Estadea, es un fantasma muy alto que porta un sudario, como rostro tiene una
calavera que sobresale de la capucha con unos ojos llameantes. Se dice que
también se puede aparecer este espectro de modo individual.
En Wikipedia dicen los motivos
por las que se presenta y la manera de defenderse:
Los motivos de su
aparición:
Para reclamar el alma de alguien
que morirá pronto. Cuenta la leyenda que quien recibe la visita de la Compaña
morirá en el plazo de un año.
Para reprochar a los vivos faltas
o errores cometidos. Si la falta es especialmente grave, el mortal que la ha
cometido podría recibir la visita de la Compaña para que la encabece
condenándolo así a vagar hasta que otro mortal le reemplace.
Para anunciar la muerte de un
conocido del que presencia la procesión.
Para cumplir una pena impuesta
por alguna autoridad del más allá.
Cómo defenderse o
protegerse de la Santa Compaña:
Abrir los brazos en cruz y
pronunciar Jesucristo cuando te vayan a dar la cruz.
Responder "Cruz ya
tengo" cuando el vivo que lleve la cruz intente dar la cruz diciendo
"te toca a ti" o "toma tú".
Llevar los brazos cruzados.
Llevar las dos manos ocupadas,
con una piedra, un palo...
Cuenta la leyenda que la Santa
Compaña no tendrá el poder de capturar el alma del mortal que se cruza con ella
si este se halla en los peldaños de algún crucero de los situados en los cruces
de caminos o si porta una cruz consigo y logra esgrimirla a tiempo.
Dibujar un círculo en el suelo y
meterse dentro mientras la Santa Compaña pasa.
Dicen que siempre ofrecen velas,
y si se las toma, inmediatamente el incauto pasaría a formar parte de la
procesión fantasmal. Lo mejor es no tomar ningún ofrecimiento de esta
procesión. Otra manera de evitar la maldición de la Santa Compaña es dibujar un
círculo en el suelo con una cruz dentro o la estrella de Salomón, meterse
dentro y, arrodillado mirando al suelo, rezar. No se les debe escuchar a la
Santa Compaña, ni mirar, tan sólo rezar y esperar. En las noches de difuntos
(31 de octubre) y en la de San Juan (24 de junio) es mejor no acercarse tan
siquiera ni a los bosques ni a los cementerios. Ambas noches se dice que se
presenta con más frecuencia.
Éstos son algunos de los testimonios de personas que aseguran haberse encontrado con la Santa Compaña a lo largo de su vida:
Alfredo Pereira (Médico):
"En aquel entonces yo debía tener
10, 11 o 12 años. Y cierta noche que pasábamos por aquí, íbamos a casa, iba con
mi abuela y un pariente, y al llegar a esta altura de la curva vimos unas luces
que se metían por ese camino, un caminito que hay ahí, y se asustaron. Yo no
sabía lo que era. Y echaron a correr, empujándome, tapándome la cabeza, la cara
para que no viera y yo intentando ver, y “vámonos, Dios mío, Jesús, ¡ay, ay! Los
difuntos” y no sé qué… No le di mucha importancia porque no sabía lo que era. (…)
Era como una procesión de luces, no sé más o menos a qué distancia una de otra,
y no eran unas luces que fueran muy intensas, eran unas luces como apagadas, y
como alguien que las llevaba, pero no se veía, no se distinguía quién… Eran
unas luces tenues, y como un silencio, un silencio que… sería como unos diez,
doce metros o algo más, de luces con una distancia de tal vez de un metro
y pico. Yo intentaba ver porque me
llamaba la atención pero ya no… ya no puedes ver nada. O sea, porque te están
empujando y escapan corriendo. Como con terror. (…) Luego, pues ya empiezas a
saber de éstos detalles y ya te das cuenta de que aquello pudo haber sido la
Santa Compaña, porque otra gente aquí no pasa con luces por la noche ni nada de
eso."
Se suele decir que la Santa Compaña
se aparece en bosques, ermitas, iglesias o capillas abandonadas, caminos, cruces
de camino o lugares así, lugares poco poblados y alejados de la gente, pero he
encontrado testimonios de gente que dice haberla visto por las calles del pueblo,
entre las casas. Como digo, versiones hay todas las que quieras y más. Una
señora, de nombre María Teresa, en una localidad cercana al Río Miño en la
frontera con Portugal, en una noche que salió a recoger manzanas, observó cómo
una comitiva fúnebre pasaba junto a su casa. Poco después fallecería un vecino
suyo, con lo cual asoció esa visión con la muerte del hombre.
“Y veo por allí, veo una gran
procesión muy grande de encapuchados, muchos, muchos, muy altos. Y lo que me
llamó la atención es que no andaban. Es como si estuvieran en ruedas o
flotaban, digamos. Y tenían en la mano, cada uno, tenía una vela muy grande y
muy gorda. Encapuchados. Y yo estaba ahí y yo me cubría, y los veía, y primero…
bastante tiempo, pero muy largo, bastante tiempo, unos dos o tres minutos, es
muy largo. Fue muy larga. Y entonces, uno se dio la vuelta y me miró. Me miró.
Y se puede decir que me miró y yo no le vi nada, pero sé que me miró. Y
continuaban andando, llegué a casa, y entré al comedor y decía yo, dije yo para
mí “ni que estuviéramos en carnaval”. Porque yo no sabía lo que era. (…) Yo he
visto una gran fila de personas, encapuchados, iban con capuchas, la ropa como
la del Ku Klux Klan, blanca. Blanca, sí. Cuando pasaba oí “Taaaammmm
Taaaaaammmm” y después se oía “Talamtalam talamtalam la muerte”. Tocaba la
muerte. Y yo creo que lo que oí sonar era la muerte. Entonces, ah, esto es la
Santa Compaña, sí. Entonces, parece que hay gente viniendo de ver a un muerto.
La Santa Compaña son muertos que han venido a ver a uno antes de morir. (…) Y
se murió el vecino.”
Uno de los nombres que recibe la
Santa Compaña es “La visión” porque se dice que sólo algunas personas tienen la
facultad de poder ver ésta procesión mortuoria. En el siguiente caso se da ésta
situación, también se hace referencia a la imposibilidad de ver el rostro de
los difuntos a excepción del vivo que los acompaña:
En San Salvador de Budiño, a
mediados de los años 50, Josefa Romero, una niña de 9 años y su madre caminaban
por un estrecho camino por el que no había iluminación cuando ambas escucharon
un sonido de pasos intensos. La madre apartó a su hija del camino y se echaron
a un lado mientras que los pasos se hacían cada vez más intensos y se
aproximaban. La madre sólo podía escuchar los pasos, pero la niña vio a la
comitiva. De todos los participantes de esa procesión, a los que no pudo ver la
cara en ningún momento, sólo reconoció a una persona a la que sí distinguió: a
una vecina. La niña le dijo a su madre que allí estaba la vecina, entre esa
gente, y la madre la ordenó callarse para no llamar la atención. Todos los
gallegos saben que cuando aparece la Compaña va acompañada por una persona viva
y que si esa persona le pasa la cruz o lo que lleve a otra persona viva, la
condenará a que acompañe a la Santa Compaña cada noche que vayan a visitar a
una persona que está a punto de fallecer. Digamos que es como un relevo muy
chungo. Ésta mujer que iba en la procesión, dos o tres días después, falleció
cuando un rayo entró por la chimenea de su casa y la impactó de lleno.
Si alguno de los miembros de la
Santa Compaña te entrega un cirio, una cruz o lo que sea, estás condenado a
unirte a sus filas. Como decían las madres: “no cojas nada de extraños” y en
este caso, ni de conocidos tampoco.
Josefa Romero:
“Yo lo he visto y lo creo.
Algunas personas que no lo han visto pues… no lo sé, porque cada uno es libre
de creer o no creer ¿comprende? Pero yo sí lo creo.”
En la tradición asturiana: La
Güestia.
En Asturias se denomina la
Güestia. Consiste en una procesión de personas encapuchadas que se acerca a la
casa de un enfermo moribundo y, tras dar tres vueltas en torno a ella, el
enfermo muere. Normalmente se trata de aparecidos que conoce el moribundo, por
lo que parece emparentarse con la leyenda celta de la Banshee irlandesa. Se
dice que van exclamando: Andad de día, que la noche es mía. Y se cuenta el
relato de una mujer que salió de su casa por castañas, pensando que ya era de
día, y un miembro de la procesión le dijo que era su padrino, entonces ya
muerto, le tendió la vela encendida, la cogió y, al cabo de unos días, enfermó
y murió.
En la tradición extremeña: Corteju
de Genti de Muerti.
En Las Hurdes (Extremadura)
aparece un Corteju de Genti de Muerti compuesto por dos jinetes fantasmales que
causan de madrugada el pánico por los pueblos, ya que quien los ve puede
resultar muerto.
En el reino de León: La Estadea y
la Hueste de Ánimas.
En Zamora se la denomina La Estadea
y es una mujer que vaga por los caminos y los cementerios. No tiene rostro y
huele a la humedad de los sepulcros. Sólo se aparece a aquel que va a morir. En
León se la llama La Hueste de Ánimas.
MEIGAS
Meiga es el nombre que se da en
Galicia, y en zonas colindantes de León y de Asturias, a la bruja o a la
hechicera cuyo cometido es megar, esto es, enmeigar, hacer el mal a personas y
animales, para lo que establece un pacto con el diablo. Según el antropólogo
Carmelo Lisón Tolosana la meiga no debe confundirse con la bruxa que hace el
bien y es capaz de deshacer los conjuros maléficos y el mal de ojo de las
meigas.
Según la tradición, no todas eran
malvadas, pero sí la mayoría. Lo que hoy en día es un símbolo de la
nacionalidad gallega era antiguamente un estigma social. Se las considerada
como causantes del mal de ojo o meigallo,
también se creía que chupaban la sangre de los jóvenes y agotaban los
campos. Aún hoy en los pueblos de Galicia se coloca una planta encima de la
puerta de entrada para ahuyentar el meigallo. La Queimada o con su conxuro
sirve para el mismo fin, alejar a las bruxas y encantadoras.
Tipos de meigas:
Meigas chuchonas (o chupadoras):
son las más peligrosas, y se presentan con distintas caras o transformadas en
vampiros e insectos, como abejorros. Chupan la sangre a los niños y les roban
los untos (grasa corporal) para ser empleados en la elaboración de ungüentos y
pociones. Eran una especie de sacamantecas.
Asumcordas o brujas callejeras:
espías de las gente y vigilantes de quienes entran y salen de las casas.
Marimanta: es la meiga del saco,
roba niños y los hace desaparecer.
Feiticeira (Hechicera): viven
cerca de los ríos y riachuelos, aunque anciana, su aspecto no repele, posee una
voz muy bella que con sus cantos hipnotiza a los chicos que se acercan al río y
hace que se vayan metiendo en el río, donde al fin se ahogarán.
Lavandeira: esta meiga sorprende
al caminante que pasa por un lavadero, invitando a este a que la ayude a
escurrir las prendas que lava, con manchas de sangre todavía tibia, a
consecuencia, según se dice, de un mal parto. La persona ha de tener cuidado de
torcer la ropa en el mismo sentido que ella, porque de lo contrario, la
desgracia caerá sobre su casa.
Lobismuller (mujer loba): tienen
que haber nacido en Nochebuena o Viernes Santo, o bien ser la séptima o novena
de una familia donde todas las hijas son mujeres. Es parecida al lobisome.
Vedoira: es esbelta y agradable
en el trato. Posee facultades adivinatorias, y son expertas en contactar con el
más allá para decir si alguien fallecido está gozando eternamente en el cielo o
si aún penan en el Purgatorio.
Voladoira: vuela y hace piruetas acrobáticas
en el cielo.
Cartuxeira: son meigas echadoras
de cartas, que siempre aciertan en sus vaticinios.
Agoreira: estas meigas envejecen
prematuramente, pero viven muchísimos años.
Dama de castro: estas meigas
viven bajo castros milenarios o bajo tierra en un castillo de cristal, llevan
siempre un largo vestido blanco de cola y siempre atienden a solicitudes de la
gente. Ya que goza de bienestar y fortuna ningún tipo de halago o favor sirven
para recibir de ella consejos o regalos; al contrario suele aparecerse a
personas afligidas por alguna situación difícil de su vida, y a esas personas
otorga sus favores.
Para defenderse de ellas y de sus
hechizos existen amuletos que pueden colocarse en las casas o colgarse del
cuello del afectado. Estos son algunos de ellos:
- Colocar una escoba vuelta del
revés tras la puerta de la entrada.
- Llevar un diente de ajo, una
castaña pilonga. Llevar una higa (mejor de azabache compostelano) colgada del
cuello o unos cuernos de vacaloura (un tipo de escarabajo).
- Tener en casa tierra bendita de
los cementerios o ramas de laurel bendito el Domingo de Ramos.
- Buscar garras de fieras o dientes
de lobo.
- Poseer en forma de varitas,
colgantes o pectorales, trozos de azabache, ámbar y distintas piedras capaces
de rechazar los venenos y encantamientos.
- Tradicionalmente se cree que
saltando la cacharela de San Juan tres veces o múltiplo de tres se espanta a
las meigas.
Es muy popular la frase, "Eu
non creo nas meigas, mais habelas, haylas” (Yo no creo en las meigas, pero
haberlas, las hay), que resume a la perfección el equilibrio del carácter
gallego entre lo práctico, la incredulidad y el misticismo. El meigallo es el hechizo que
realizan las meigas. Un ensalmo muy común es "¡Meigas fóra!", que es
acompañado del gesto de la higa.
MOUROS Y MOURAS
Los castros gallegos se creen que
fueron construidos por los mouros en la antigüedad. Los mouros son, según las
leyendas, “los constructores de los castros, túmulos castillos, petroglifos,
rocas, cuevas, etc. Son un pueblo mágico, hoy escondido bajo tierra. A nuestro
parecer, son los antiguos habitantes de Galicia, transformados y encantados.” Durante
el transcurso del tiempo, la palabra mouro pasó a ser usada como “otro”,
“extraño”, “antiguo”, para hablar de cualquier cosa o hecho del pasado que no
se podía explicar por otra vía.
La mayoría de leyendas los
describen como hombres y mujeres de piel blanca y pelo rubio, de gran altura y
constitución fuerte ellos, y de gran belleza ellas. Se dice que ocuparon
nuestra tierra y gran parte del norte de España, empezando por Asturias donde
también es bastante conocida esta leyenda. Se cree que podrían ser los
habitantes de los castros, celtas o incluso habitantes anteriores a ellos.
Otras leyendas los describen como
gentes oscuras de piel, venidos de tierras lejanas del continente africano,
mientras que las mouras tenían fama de hechiceras y solían ser rubias y de piel
blanca, de ahí que también se les asocie con los pueblos del norte de Europa.
Incluso en algunas leyendas se
llega a decir que son antropófagos e incluso que tienen poderes mágicos. Se
dice, por ejemplo, que dando una patada al suelo pueden abrir una brecha y
entrar por ella al subsuelo donde se esconderían. En muchas de ellas se cuenta
que aún viven actualmente escondidos bajo los túmulos y castros en grandes
palacios. Estos palacios se dice que estaban llenos de tesoros por lo que hubo
una época en el pasado en que se expoliaban los restos arqueológicos en busca
de estos, destrozando parte del patrimonio histórico.
Aunque actualmente a nivel
popular ambas criaturas no se diferencien, sí se diferenciaban en su momento. Los
mouros básicamente, pertenecerían a una raza de seres ancestrales (con
manifestaciones actuales), mientras que las mouras pertenecen al llamado mundo
de los elementales o espíritus de la naturaleza. En los mouros prima más el
aspecto colectivo, de raza, mientras que en las mouras lo que predomina es la
individualidad y lo sobrenatural.
Los Mouros:
Los Mouros son criaturas de las
mitologías del noroeste de la península, especialmente en la mitología Gallega.
En ocasiones también se les denomina Moros (no tiene nada que ver con los
invasores musulmanes).
Los Mouros son criaturas que
físicamente son parecidos a los humanos, pero de mayor tamaño (en algunas
fuentes incluso son gigantes), con la piel de color negra o terrosa debido a
que viven en el subsuelo en guaridas y túneles bajo la tierra, donde se
dedicaban a la minería (especialmente a la extracción del oro), metalurgia y
orfebrería. Destacaba el hecho de que todos sus objetos estaban hechos de oro
(cuchillos, arados, tijeras, etc). Esto hace que los Mouros sean un pueblo muy
rico.
Aunque son un pueblo mágico,
tenían una forma de vida muy parecida a los campesinos: Tienden la ropa,
trabajan los campos, crían animales de granja (caballos, gallinas, vacas,….),
beben vino (algo que les encanta), van a las ferias, etc…
Son un pueblo que hace muchos
tratos con los mortales. Realizan con ellos negocios, intercambios o favores. A
cambio de la ayuda del mortal, independientemente de la dificultad del trabajo,
el Mouro siempre pagaba con oro, lo único que exige es que el mortal no revele
la procedencia del oro. De no cumplir su palabra, el oro se transforma en
carbón o en piedras, incluso en algunos relatos, el Mouro mata al mortal por
incumplir su promesa. También poseían fama de guardianes de fabulosos tesoros,
que constituyen el origen de la riqueza de varias familias.
Aunque no eran cristianos,
también se les considera constructores de iglesias, además de bautizar a sus
hijos y daban sepultura a sus muertos siguiendo ritos cristianos.
Las Mouras:
En la mitología gallega, las Mouras (también conocidas con diversos nombres como madamas, donas, encantos,
hadas, etc.) son mujeres bellísimas de cabellera rubio (aunque tirando a
rojizo), ojos azules, piel blanca y vestidas de blanco, que habitan en las
fuentes, ríos, castros, mámoas y ruinas de antiguos monumentos, en donde
guardan valiosísimos tesoros. Son seductoras y encantadas, teniendo grandes
cualidades para el baile y la composición e interpretación de canciones. Tienen
la capacidad de adoptar formas diversas, pero ellas prefieren la de serpiente o
culebra.
Se sientan a orillas de los manantiales, fuentes o
ríos, donde lavan, tejen, hilan donde peinan sus largos cabellos con peines de
oro. Prometen tesoros y grandes riquezas a quien rompa su hechizo. Les gusta
aparecerse al lado de su morada en pleno día en esta forma (sobre todo el día
de San Juan). Si un hombre las ve, es seducido por ellas, y la única forma de
que ella también se enamore de este humano, es rompiendo el encantamiento que
pesa sobre la moura, besándola o haciendo el ritual que ella le indique. Si
logra romperlo, conseguirá desposar a la moura, ahora convertida en una
hermosísima moza tras romper el encanto, y poseer el tesoro que esta guardaba.
Todas las mouras tienen muchas riquezas, entonces el que con ellas se espose será
rico y la buena suerte estará siempre con él.
NUBEIROS
Los nuberos, nuberus, ñuberus, o
nubeiros son personajes de las mitologías asturiana, cántabra y gallega. Se les
llama de las cuatro maneras respectivamente según qué mitología. Al Nubeiro gallego
también se le conoce como “el morador de los aires”.
Cabalga los cielos dirigiendo
relámpagos. Controla el tiempo a su voluntad y se divierte provocando tormentas
y tempestades, goleando las nubes con un martillo de hierro, lanzando centellas
a los animales y arruinando las cosechas de los hombres con el granizo. De vez
en cuando baja a la tierra a ver el resultado de sus hazañas. Sale por las
mañanas "a fazer a trona" (hacer tormentas) y vuelve a media noche,
con unos cuantos lagartos y culebras. Se dice que quita los reptiles de los
campos de las gentes de buen corazón para depositarlos en los campos de las
gentes avaras, malvadas, envidiosos o egoístas.
Se le tiene temor por los
destrozos que producen en los pueblos y a ellos se les atribuyen las temidas
noches de aguaceros y tempestades. Es por ello que durante las horas de
oscuridad los lugareños encienden cirios y hacen tañer las campanas para
ahuyentarlos.
Se describe a este ser como con
forma de hombre, un fuerte gigante, barbudo, muy peludo, chamuscado por los
rayos que hace caer a la tierra, viste con ropas andrajosas hechas de pieles generalmente
negras y posee aspecto desaliñado. Suele ser olvidadizo, pues se le escapan las
nubes que le llevan de un lado a otro con relativa frecuencia; en tales casos,
el Nubeiro tiene que pedir asilo en las casas y cabañas que encuentre. El
Nubeiro se asocia, además de a las tormentas, truenos y relámpagos, a la niebla
y a los aludes, si bien en este último caso, no suele ser muy frecuente.
TRASNO
Un Trasno es una criatura
mitológica tradicional gallega. Se le describe como una especie de duende al
que le gusta hacer travesuras y pequeñas maldades. En ocasiones también se le
describe como un diablillo, entendido como ente distinto del Demonio, aunque
nunca es tan maligno como éste.
Según la tradición habita en los
bosques más frondosos o en las cunetas de los caminos esperando que pase
alguien para desvalijarlo. Suele ser de hábitos nocturnos, actuando siempre a
la luz de la luna, y sirve para explicar sucesos de causa aparentemente
desconocida, sobre todo sucesos accidentales que comportan un daño poco grave.
Así, el Trasno trama para hacer que se rompa la vajilla, que se pierdan las
llaves, que caiga un vallado, que se líen los novillos que esté cosiendo una
muchacha, etc... Pero el Trasno también puede andar detrás de una persona y
seguirla a todas partes. Algunas veces toma forma animal (como un caballo, un
perro abandonado, etc...) y es mencionable su asombrosa facultad para esconderse
en cualquier momento y lugar.
De acuerdo con la cultura
popular, existe un truco muy eficaz para liberarse del Trasno. Consiste en
dejarle en un plato o, mejor, ciscado no chan (esparcido por el suelo), una
buena presa de lentejas, habas, granos de maíz o algo semejante. Como el Trasno
no sabe contar más de cien, cuando llega a esta cifra tiene que empezar de
nuevo, y así se le mantiene ocupado sin que siga haciendo de las suyas.
Aunque no es tan malévolo, dada
su personalidad, suele ser confundido con el Tardo.
TARDO
Es similar a un Trasno pero mucho
más malévolo. Es un ser pequeño, peludo, con muchos dientes, de color verde,
con los ojos redondos y negros; tiene barba y usa ropas viejas y un gorro rojo.
Además, se diferencia de otros duendes porque lleva una pequeña y afilada
espada. Acostumbra a vivir bajo tierra y cava pequeños agujeros por los que
colarse dentro de las casas. Una vez dentro le encanta fisgonearlo todo pero, a
pesar de que es muy curioso, termina dejando las cosas como las encuentra. Su
diversión preferida consiste en sentarse sobre el pecho de las personas
mientras duermen, causándoles, además de una gran opresión, dolor y terribles
pesadillas.
Es muy cobarde, y nada
inteligente y cuando se encuentra en alguna situación complicada, no duda en
suplicar dócilmente para salir bien parado. Además, teme a los perros y a los
gatos porque lo pueden ver con facilidad. Aunque tiene un tamaño muy pequeño,
pesa mucho. Aprovecha la oscuridad de la noche para entrar en las casas de los
que están durmiendo, y así, sentarse sobre su pecho provocándole unas
pesadillas terribles y dolor en el pecho, como si tuviese una gran pena dentro.
Para librarnos de este molesto
ser, basta con que dejemos un cuenco lleno de grano en la cocina. Como es muy
curioso, irá a ver el cuenco y empezará a contar los granos. Como solo sabe
contar hasta diez (o cien en algunos casos), al llegar a este número se pierde
y vuelve a empezar. Está así toda la noche y cuando se hace de día, el Tardo va
a seguir al lado de la cuenca, entonces lo cogemos y lo echamos fuera de
nuestra casa. Ese molesto ser ya no volverá a entrar más en nuestro hogar.
Podéis poneros en contacto conmigo a través de mi Twitter:
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